(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

lunes, 1 de junio de 2015

Sala Acolchada (3)


- ¿Eres tú, Zebra?
- ...
- A penas veo nada, está muy oscuro... ¿cuanto tiempo te han tenido ahí? Han debido pasar...
- Cinco horas, señor Chandler.
- Gracias, Mijail. Ayúdala ¿quieres?
- Si, levántese, señora Zebra. Está temblando, debería recostarse aquí. Tome mi manta, está limpia, lo juro.
- ¿Que te han hecho, pequeña?
- Re... Reimond... gracias... yo... no se, al principio no he visto a nadie, pero el agua, el agua, sabía que tenía algo pero de pronto... tenía mucha sed.
- Oh, jodido bastardo ¿que te habrá dado?
- Nnn... no lo sé. Pero al cabo de un rato todo se ha vuelto... demasiado ligero, demasiado... blando. Me hundía en mi silla. Luego la música, esa música...
- ¿Te han torturado? ¿Te han interrogado?
- Ssi... algo así... querían que recordara... uf. No puedo pensar.
- Trae agua, Mijail.
- No, creo que lo que necesito es ¡waaargh!
- Mejor trae una toalla, Mijail.

* *

- ¿Estás mejor ahora?
- Es como si hubieran jugado al futbol americano con mi cerebro, joder... argh.
- ¿Que te han hecho? Cuéntanoslo, podemos ayudarte.
- Querían... que recordase lo de la pizarra blanca...
- ¿Que pizarra?
- Cuando era pequeña me hicieron sentarme delante de una pizarra llena de letras y números mientras... uf, mientras sonaba esa música y Völko y esa panda de trastornados que juega con él a las sectas se daban por el culo. Claro que lo olvidé todo, y lo de la pizarra... ni siquiera tenía sentido.
- Está claro que para él si que lo tenía.
- Me da igual. Recuerdo las series de cifras y letras pero me he negado a darle nada de lo que quería. He empezado a hablar de elefantes. "Hay dos patas de elefante, pero si levantas la vista verás que son dos baobabs que han crecido a partir de un elefante inmaduro. Si te alejas más, parecen dos alfileres, o dos columnas. Una es negra y la otra blanca, una negra y la otra blanca."
- ¿Que significa?
- No lo se. Esperaba que no significara nada, es lo que me ha salido.
- ¿Y han dejado de insistir?
- Si. Entonces ha hablado ella. Parecía una tía agradable el otro día... pero ha empezado a preguntarme por Aldebarán y por la bomba...
- ¿Hay una bomba?
- No... sólo es teórica. Solo quería ser... algo nuevo. Ahora si que me vendría bien ese vaso de agua, Mijail.
- Lo siento, me lo he bebido. Pero tengo guardada una botella por aquí.

* * *

Se me había ocurrido hacía tiempo. No se cuando, supongo que la tercera vez que releí Viaje al Centro de la Tierra. Simplemente era demasiado difícil, después de regresar varias veces a la misma historia, imaginarla de forma que no fuera condicionada por la impresión que obtuve en la primera lectura. Disfrutaba anticipando los momentos, pero al cabo de un rato las imágenes eran más bien como cromos pegados en el amarillento álbum de recuerdos de mi primer descenso a través del cráter de Sneefels.

Se lo comenté a mi padre, y el se tomó un respiro de la lectura de la prensa diaria, se quitó las gafas y lió un cigarrillo. Pensó un rato antes de contestar, y no entendí todo lo que me dijo, no entonces. Me dijo que las palabras tienen ese poder para fijar y construir imágenes. Que esa incapacidad para deshacerse de las imágenes preconcebidas probablemente habría sido durante siglos el caballo de batalla de las artes visuales, y que seguramente el cine destruiría a la literatura a la larga por ese mismo motivo. Robarle a un autor el poder de evocar una imagen en el lector, una imagen construida por la descripción y por la experiencia y emotividad del receptor, que al final siempre acaba proyectando rostros familiares delimitados por el autor. Pero aún me dijo más: que ese poder también tenía un reverso tenebroso, y que la Publicidad, con ese nombre inocente, era la Goecia con el poder de generar imágenes. Que había creado verdaderas bombas de ficción que implicaban todos los estímulos visuales y auditivos, y el poder de las metáforas para alcanzar todas las capas sensoriales, con una intensidad inusitada y sin que ni siquiera nos díeramos cuenta. Que ese cónclave de ilusionistas tenía a su servicio a un ejército de analistas estadísticos y sociólogos, ayudándoles a ajustar el tiro. Que todo ello estaba al servicio de unos pocos gigantes, codiciosos, irresponsables y en su mayoría, incultos.

Me dijo que por eso el lenguaje, todos ellos, debían purificarse y desligarse de sus sistemas de referencias, toda esa semiótica inducida que contaminaba nuestra percepción de la realidad desde la más indefensa infancia. Que esa había sido la verdadera lucha del arte del siglo XX, pero un conflicto entre el ego y la voluntad de búsqueda había encadenado a los verdaderos Prometeos de nuestra era. El ego del artista, el de la sociedad como organismo receptor, con el filtro autocomplaciente de la crítica y el repugnante intrusismo del mercado. La banalización destruirá cualquier aspiración a la grandeza de la humanidad en su conjunto, me dijo.

La primera vez que me recuperé de mi amnesia, recordé punto por punto toda esa conversación, como si hubiera estado teniendo lugar en esos momentos, el olor del café caliente en la taza de mi padre, y el dulzón aroma que desprendía su "cigarrillo". Entonces lo entendí todo mucho mejor, pero no pude evitar que mi primera reflexión me llevara a la portada de Andy Warhol para el disco "Andy Warhol" y ahí es cuando nació el epifánico concepto de bananalidad.

Me distraigo fácilmente.

Lo he probado desde entonces. Expresar de alguna forma algo desprovisto de las referencias impregnadas. Incluso después de volver a olvidarme. Lo probé con Aldo, una tarde-noche larga e intensa. A él le gusta escribir. Así que le dije "Hey, querido ¿y si contamos una historia que sea absolutamente nueva?" El me mordió el dedo gordo del pié derecho, se incorporó, cómodo con su desnudez (debía ser liberador para él, porque las primera vez que durmió conmigo no se atrevió a quitarse los pantalones) y fué a buscar su libreta y su sombrero "Para que sea completamente nueva deberíamos empezar en pensar que no tiene que seguir la estructura tradicional" "mmm... no lo sé, Aldo. Por un lado esa estructura tiende a entenderse bien. Por eso siempre ha funcionado" "Pero entonces, ya no podrá ser completamente nueva ¿no? Es decir. Si mantiene la linealidad será previsible. Todo el mundo sabrá que en algún momento se desarrollará el nudo y que a continuación vendrá un desenlace" "Humm... pero de otra forma se hará hermética desde el principio. No tiene que ser intelectual, sólo tiene que ser pura" "Es verdad que los experimentos en esa línea han sido brillantes pero muy minoritarios. ¿Entonces, por dónde va tu idea?"
"Pues no lo sé. Algo... ¿no se puede hacer algo nuevo con algo viejo?" "Bueno, eso creo que es una de las claves de la movida postmoderna" "Si, pero ¿y que además diga algo, que construya algo nuevo?"

Y entonces fué cuando me contó lo de "Solve" y "Coagula". Sólo que entonces no teníamos mucho tiempo para el "Solve". Es un proceso largo. Inventamos la historia de una rata muy evolucionada y con una gran potencia sexual que seducía a una joven bailarina de danza contemporánea y seguimos follando el resto de la noche.

Pero ahora lo recuerdo todo, de nuevo. Recuerdo esos momentos y lo que había olvidado de todo lo anterior. Las horas devorando libros mientras Mahler intentaba hacer que cerrara las páginas y le acariciase a él con toda mi concentración. Todas las respuestas de mi padre a preguntas trascendentes. Todos sus silencios a preguntas importantes.

- ¿Y entonces crees que ahora podrías? ¿Contar una historia completamente nueva?
- Podría. Con Aldo. Juntos podríamos, ahora lo sé.
- Tienes que ponerte en contacto con él, entonces. No te queda mucho tiempo.
- Tengo a alguien trabajando en ello. Al menos eso me ha dicho.


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