(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

jueves, 23 de abril de 2015

Deberías haberme avisado de que tu secador de pelo era un arma mortífera

Estábamos en tu casa y yo necesitaba una ducha. Muchas horas sin dejar de sudar, el pelo bejj. Por fin aproveché ese momento en el que te fuiste a comprar bombones, aunque estaba claro que la bombonería no iba a estar abierta para ti a las tres de la tarde. No es que me de vergüenza, que coño. En realidad si, pero ya sabes, no pudor. Es que canto muy fuerte cuando me ducho, rompo la voz y los vecinos a veces piensan que estoy poseída. No se dan cuenta, pero he vivido en pisos con paredes de mierda, se les oye decir "esa chica rara del piso de al lado debe estar poseída" y a veces otra voz adorable contesta "¡Jesús!" o "¡Suit Yisus!" o "Mon Dieu!". He vivido en varios sitios.

Así que me duché, me quité la sal de la piel. Reconozco que me lamí un hombro, ahí, donde me habías mordido, (salado, caliente,  adormecido atontado (me jode que las cosas serias rimen)).

Me quedé tan a gusto y tu aún no habías regresado y yo ya sabía que no lo harías sin los bombones, y como pronto abrirían a las cinco. Confieso que fisgué en tus cajones. Confieso que leí tus libretas (sólo por encima, solo por encima, aunque memoricé algunos pasajes). Al final pensé que lo mejor sería secarme el pelo.

 Guardabas encima del armario del baño uno de esos de iones y me hizo gracia porque nunca ví a un tío, y menos a uno con el pelo corto, con uno de esos secadores de iones. Al conectarlo todo parecía normal, pero luego empezó a oler a pelo quemado. Pelo quemado, joder, y yo no quería que mi pelo se estuviese quemando. Luego (más tarde, en otro momento) lo revisé y parecía que nada se había quemado en mi cabeza. Tal vez eran pelos que por algún inexplicable motivo se habían quedado dentro del secador. No lo sé, pero entenderás que da muy mal rollo, y reaccioné de forma instintiva. Lo tiré lejos de mí, Aldo. Lo lancé por la ventana, que estaba abierta. Quedó colgando, encendido, balanceándose por la ventana del patio interior, soltando iones al canario de tu vecina de abajo. Hizo un ruido muy extraño, el canario. Como una palomita de maíz. Pensé "¡joder, hostiaputa!" y desenchufé el secador. Pero en un momento de lucidez sujeté el extremo del cable antes de que se precipitara irremisiblemente. En cierto sentido te salvé de que tu vecina de abajo se enterase de que tu secador del pelo era un arma mortífera. Te confieso esto porque me sigo sintiendo mal por el pobre pajarito, y por haberme reído de tí cuando te has montado alguna cagada torpe, aunque tu luego siempre te recompones con dignidad. Y porque en realidad no se si voy a acordarme de tí dentro de una semana. No sé que mierda me están dando, pero las cosas empiezan a volverse difusas y me gustaría escribirte todo lo que recuerdo y todo lo que es importante para mí. Escribirlo para tí, y para mi, porque no lo quiero olvidar. Lo estoy haciendo en un rollo de papel higiénico porque se que te gusta mucho esa escena de O de Orwell, aunque aquí hay un amigo que tiene folios pero mejor así. Vienen a buscarme, ya están aquí los cabrones (como en la canción de Sobrinus), luego sigo. Siento lo del canario.

P.D.:Pero deberías haberme avisado de que tu secador de pelo era



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