(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

jueves, 5 de marzo de 2015

London

- El Apocatástasis es eso, a fin de cuentas. Disolverse, dejarse caer en medio de esa espiral. Pero el motivo de "espiral" está tan cargado de connotaciones que ya es hasta aburrido así que imaginen más bien una forma esférica. Como ustedes sin duda sabrán, la esfera es la forma más perfecta en la naturaleza. Puede contener el mayor volumen con la menor superficie externa. La tensión simplemente se reparte en equilibrio por todos los puntos, de forma que es a lo que tiende toda la energía, a escala micro y macrocósmica. Ahora imaginen su esfera favorita, vamos, piénsenlo. Un electrón. Una naranja. El Sol. Saturno. Júpiter y todos sus satélites. Una gota de agua flotando en el Espacio. Una burbuja hecha con jabón, reflejando todos los colores del arco iris. Una fresca sandía comida a mordiscos en un parque una mañana de verano, tras un largo paseo.

"El nombre de esfera, sin embargo, viene de algo más intuitivo, que reside en la esencia de mamífero juguetón que vive en las capas altas de nuestro cerebro altamente desarrollado. Sphaira, la pelota con la que los niños griegos aprendían intuitivamente, y a veces cuestionaban racionalmente, las leyes de la física.

"Escojan ya una. Obsérvenla bien, desde fuera, con atención, desde todos los ángulos. Puede parecer exactamente igual desde cualquier lado pero no lo es, ninguna esfera lo es del todo. Ahora, entren en ella. Vean el mundo desde dentro de la esfera. Esto es un poco más difícil, tómense su tiempo. En primer lugar, tendrán la sensación del hámster dentro de la bola. Ponerse en equilibrio es siempre más fácil desde fuera. Vean esa bola, el fragmento tridimensional de realidad y universo y partículas (sea cual su densidad, ya sea zumo, gas, o magma). Y ahora traten de proyectarlo a otras dos dimensiones físicas que aún no se han descubierto. Y ahora imaginen que esa esfera de cinco dimensiones es un túnel que tiene el poder de despedazarnos o de lanzarnos a lo desconocido, proyectados a un nuevo mundo para el que nuestra percepción sensitiva no está desarollada. Solo se reciben líneas de código fragmentario que no contienen toda la información, trazas entremezcladas que saltan de forma cuántica a través de nuestras tres dimensiones y parecen desaparecer, pero su fuerza nos golpea desde "ahí fuera". Ustedes siguen siendo una esfera, pero la realidad tiene otra forma, una que sólo puede describirse matemáticamente, y cuya proyección tridimensional requiere una base de fé en el lenguaje matemático. No hablo del hermoso teseracto de Sagan, sino de una esfera de cinco dimensiones vista por dentro ¿no se hacen una idea? Por eso es tan complicado. Si pudieran ustedes verla, quedarían atrapados dentro de ella por su poder y su belleza irremisible. Muy difícil de transmitir con mis toscas dotes para la descripción.

"Una vez dentro, nos traga, tira de nosotros hacia dentro, nos aplasta pero a la vez quiere despedazarnos en cinco direcciones distintas, y esas dos también duelen. No piensen que esto es un agujero negro, se que lo piensan porque yo también he visto la película. Esto da mucho mas miedo: está dentro de nosotros. Dentro de nuestra cabeza. Y lo hemos proyectado hacia fuera para tenerlo a raya, eso nos ayuda a poder hablar sobre ello. Es increíble de cuantas formas hemos tratado de reproducirlo, sin saberlo. Se lo aseguro, llevo treinta años indagando en las claves de representación de esta esfera. Dos serpientes entrelazadas, seguro que han visto ese símbolo. ¿Y que es una serpiente, físicamente, más que un cilindro? ¿Y que es un cilindo más que una esfera proyectada longitudinalmente? Con eso ganamos una dimensión de la esfera, pero tenemos dos cilindros, que se entrecruzan en ciertos puntos (y se repelen en otros, dejando entre medias un espacio "vacío", porque el "vacío" también requiere su reflexión profunda). Así se representa la quinta dimensión, que parece manifestarse sólo, como ya he indicado, por medio de procesos que aparecen y desaparecen, pequeños momentos de luz y calor, para que me entiendan.

"Pero en el caso que planteamos, el apocatástasis no es sólo un estallido personal. Esta epifanía es, sin embargo, necesaria para poder acceder al siguiente nivel. Y este nuevo nivel, esta nueva etapa, es algo así como "final de capítulo". Ya está, terminó la Historia, era verdad. Capítulo 3. Hay que cerrar esa fase, basada en viejos paradigmas, reunirse y ponerse de acuerdo en el "y ahora, qué". El Capítulo 2 ha sido breve, a lo sumo seis mil o siete mil años, pero muy intenso. Saltar a un mundo de cinco dimensiones no tiene que ser una experiencia traumática si asumimos que existen y refinamos la forma en la que las experimentamos. Esto es lo mismo, entender que la bola y la manzana simbolizan algo, la misma cosa. ¿Cual ha sido su esfera? A ver, usted, el de la primera fila
- Un coco
- Ah, un coco. Que bonito tiene que haber sido verlo por dentro. ¿Y pudo imaginarse el metacoco?
- No tengo ni idea de lo que está usted hablando. Pero no he querido interrumpirle.
- Oiga, profesor. El agua está entrando en el bar, la marea está subiendo. Vayamos mejor a la parte alta.

La parte alta de London (Kiribati) era una elevación de dos hectáreas. Se alzaba diez metros sobre el nivel del voraz oceáno, que ya recorría libre las calles de la pequeña ciudad. Basura de todo tipo fotaba siguiendo una cadencia, delante y detrás, la vieja danza con la Luna que tanto había asombrado a los antiguos. Estaba claro que tenía algo que ver con la Luna, pero ¿por qué? Para Arthur Kidney nuestro satélite no tenía ya demasiados secretos. Conocía el poder de las mareas gravitatorias, solamente era eso.

- El problema es el nivel del mar, evidentemente. ¿Aún no han acabado de decidirse a elevar artificialmente la isla? Comenzar a colocar los cimientos de las plataformas, eso es lo que habría que hacer.
- ¿No piensa usted que sería mejor irse a Fiyi, profesor?
- Si, marcháos todos a Fiyi, haced realidad el sueño especulativo de vuestro presidente. Esta es la tierra de vuestros ancestros, válgame Kali, no podéis dejarla sin más porque a miles de kilómetros de aquí les esté dando igual que os hundáis o no. Resistir es la clave, resistid y os tendrán en cuenta. Mudáos y las noticias hablarán del "drama en Kiribati: un pueblo forzado a abandonar su isla porque el océano Pacífico se la está tragando" y en occidente pensarán que sólo son una panda de vagos comedores de cocos que van a pasarlo bien tomando el sol en Fiyi.
- A mi m'ha gustao lo quiá dicho de las bolas. Yo he pensao en una bola de billar, pero es mu dura así que cuando he pensao en entrar dentro me ha dao dolor de cabeza.
- Eso es normal, mi querido Berretes.
- ¿Y que bola ha pensao usté?
- La del árbol de Navidad es la mía, una en concreto, de tono rosado claro, muy pulida pero levemente mate. Una bola de Luascha hecha en Tlalpujahua. Un fruto de plástico para un arbol de plástico. Al poner el árbol de navidad, los niños ayudan a sus padres a emular que ese falso abeto montado por piezas va a darnos frutos en pleno invierno, frutos de luz y brillo especial, manzanas y dulces que se cosecharán el último día de las festividades. Así planteado, parece tener mucho más sentido. Aún así, es admirable la belleza de esa esfera brillante...
- ¡Profesor Kidney! Tiene una llamada a cobro revertido, un tal Guy, no ha querido decirme su apellido. Parece urgente.
- ¿Guy? No me jodas. El muy desgraciado. Muy bien, lo cogeré en el teléfono del piso de arriba. Gracias, Enerita.

Arthut Kidney subió las escaleras despacio, y a cada paso que daba sentía un peso mayor sobre sus hombros "pero a mayor distancia del centro de la Tierra, menor fuerza gravitatoria ejerce esta sobre mí". Y entonces ¿que sucedía? Era la gravedad interior, aceptó finalmente. Una llamada de Guy a ese teléfono significaba que se había tomado la molestia de localizarlo y dar con él en aquel remoto lugar del mundo, y semejante esfuerzo sólo podía tener una explicación. Finalmente algo terrible le había debido suceder a Zebra. Se pasaba el día reflexionando otras cosas para evitar pensar en cosas terribles que le podían suceder a su hija, pero sabía que tarde o temprano algo iba a pasar. La sensación de culpa se mezcló con el olor a basura cubierta de algas y agua salada. Pensó en vomitar, pero finalmente decidió no exteriorizar su desasosiego hasta después de la llamada.

- Guy, soy Arthur. Cuéntame que ha pasado, sin rodeos.

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