(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

lunes, 23 de febrero de 2015

Sala Acolchada (1)

- El puto Aldebarán me ha traicionado. Creo que no estaba del todo compinchado con Völko, pero aún así me ha jodido bien jodida. Como la anterior vez, no puedo recordarlo pero estoy segura. El siempre poniéndomelo fácil, conociéndome tan bien ¿qué cojones quiere? Empiezo a dudar de todo, de si toda la historia que he montado en mi cabeza con esos recuerdos recién recuperados no es nada más que eso, una historia. Tanta bruma, tanto vacío, luego tanto detalle, y ningún consuelo ¿de que me sirve recordar con tanta nitidez un pasado que se fué? Son importantes los momentos vividos, las experiencias, pero yo ya era así, puede que no lo recordara bien pero era alguien, esos instantes no se habían perdido, habían dejado su huella en mi. Es cierto lo que Volko decía, ¿de que me sirve saber esa verdad, ser consciente de ella, cuando el resto del mundo se ha resignado a aceptar el engaño desde hace miles de años? ¿que pretendo hacer yo? La bomba de Aldebarán y los planes para el apòcatástasis, todo eso es también mentira. Al menos esta vez no le dejé meterse en mis bragas, así que descarto la explicación más simple ¿por qué toda esta historia? Burguess... trató de advertirme. Seguro que me sacará de esta, en la Estación sabía que no podría contar con él, tiene fobia a los espacios masificados y a los sistemas de control de seguridad. Recuerdo una época en la que recopilaba fotos de sus giras, adoraba posar ante las cámaras. Pero desde su descenso a las sombras, como el lo llama, no soporta verse reflejado en un objetivo, perder el control sobre su imagen "siempre se han hecho chistes con esos salvajes que pensaban que la cámara vampirizaba su alma, pero estaban en lo cierto, cuando tu rostro, tu cuerpo, se convierten en fotografías impresas sobre papel o en archivos informáticos, has perdido tu control sobre tu propia imagen, ese no eres tu, no puedes cambiar el gesto ni volver a tener esa edad, es una huella siniestra, un fantasma que parece que te mira pero no, nadie recuerda al fotógrafo, solo es su mirada lo que aparece en la foto, nos vemos desde fuera desde otro ojo y perdemos nuestra esencia". O algo así.

- Que tío más loco

- ¿Perdona, encanto, como decías que te llamabas?

- Mijail. Soy un interno, oigo voces todo el rato pero es divertido porque tu hablas como una de ellas, veo como se mueven tus labios, escucho tu voz que parece de dentro pero me llega de fuera y el resto de las voces que vienen de dentro es como que se callan para escuchar ¡Imbécil! Perdona.

- Espero que no te moleste, Mijail. Pareces un tío majo y yo necesito ordenar mis pensamientos en voz alta. No creo en el monólogo interior en la literatura, a no ser que sea Samuel Beckett, entonces si que es de verdad tan loco como el verdadero monólogo interior, pero no lo quiero, necesito hablar en voz alta para ponerle un filtro racional o empiezo a divagar, hay tantas cosas que ocupan mi mente...

- Entiendo la sensación

- Si, pero hay momentos como ahora en los que necesito estar concentrada y si no hablara en voz alta o al menos escribiera en mi libreta, empezaría pensando en mi actual situación, recluída contigo y con ese hombre de ahí en esta celda acolchada, con un dolor de cabeza de cojones. Pero al cabo de un rato comenzaría a pensar en cosas totalmente aleatorias, por ejemplo ese peinado que llevas, tío, en serio, tiene ese punto Beatle y con todo aquello del flequillo recto, a un tio alto y grande como tu no le favorece mucho. Si lo llevara yo, quien sabe, aunque esa era una de esas cosas de Vidal Sasoon, parece que descubrió la penicilina con sus cortes de pelo y el concepto de "Lavar y listo", pero en realidad esos flequillos parecen sacados de alguna miniatura medieval, fíjate lo que te digo, en aquella época todos los hombres que se preocupaban por su aspecto lo llevaban así, y eso sin escuelas de peluquería ni líneas de cosméticos y por supuesto sin acondicionador. Ahora necesitamos champús con zinc-piritione que se prueban en babuínos y en conejos, podían probarlo en la cabeza de su puta madre, creo que estaremos de acuerdo en eso.

- Como cobaya humana que soy, rechazo frontalmente la experimentación con cualquier ser vivo que siente y sufre ¡Hijos de puta!

- Me gusta como piensas, Mijail, a lo mejor puedes ayudarme a salir de este embrollo. Verás, el caso es que estoy retenida aquí contra mi voluntad porque el Doctor tiene una cuenta pendiente personal conmigo. ¿Tu cuanto tiempo llevas aquí? ¿No has visto algo raro, en plan gente encapuchada eyaculando encima de libros de poesía?

- Si, una vez, creo. En el gimnasio, pero no lo recuerdo bien. Siempre he pensado que lo había soñado, estaba tomando unas nuevas entonces, se llamaban carboyodurobenzodiazepinas. Con una te quedabas tranqui, con dos las voces se convertían en teleñecos. Lo juro.

- Mierda, así que sigue con toda ese mierda ¿Conoces a alguien fuera que nos pueda ayudar, Mijail? Si pudiéramos dejar en evidencia que en esta clínica se experimenta con los pacientes y que los médicos practican orgías en su presencia, al menos me podría alejar de ese hijo de puta, y empezar a intentar limpiar mi nombre. Y castrar a cuatro o cinco personas.

- Si conozco a un señor que a veces viene a visitarme, dice que confíe en el y que le haga caso, que yo no podría matar ni a una mosca. Pero no le creo, así que por eso no he matado a nadie aún.

- Perfecto, Mijail, pues ya si eso nos vemos por aquí, necesito irme a esa esquina y ponerme en posición fetal. Tal vez si finjo estar en shock no me jodan tanto o yo que se ¡QUIERO HACER UNA LLAMADA, HIJOS DE PUTA!

- Señora, no grite. Estoy intentando concentrarme...

- ¡Oh, perdone usted! Como no me había dirigido la palabra en ningún momento he dado por hecho que estaba usted en una especie de trance perpetuo.

- Lo intento, pero es difícil con toda esa charla. De todos modos no pasa nada, usted ya sabe como va esto, por lo que creo. El doctor hablará con usted esta noche y si no traga voluntariamente le obligará a tragarse lo que le apetezca. Es el diablo, pero no el de la Biblia, uno peor, uno con piel humana puesta por encima ¿no ve como no termina de fijársele la piel a la barbilla? Mató al tal Volko, se vistió con su piel, nosotros estamos muertos y tenemos que trascender a un nivel superior o nunca saldremos de este infierno.

- Es muy interesante eso que dice, señor ¿Como ha dicho que se llama?

- Raymond Chandler

- ¿Como el escritor?

- Exacto, pero no se equivoque, no me llamo igual que él. Yo soy él, señorita, yo soy Raymond Chandler.

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