(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

lunes, 19 de enero de 2015

Libreta de falsa piel de topo mordida por un perro (11)

De modo que así fué como conocí por primera vez a Aldebarán. Ya no me acordaba. Tenía brillo en la voz, y gesticulaba de formas adorables. Bien proporcionado, encajábamos de lujo. Luego se perdía en sus pajas de tutoriales tantra de Youtube y no se enteraba de como iba realmente la cosa. Fin de la historia. Lo que más me gustaba era escucharle divagar, como un Bodhisattva beat que además leía los foros de ciencia. Además se estaba doctorando en Antropología, podéis llamarme Electra. Un día discutíamos sobre una mierda muy profunda y muy rándom cerca del río. Estaba precioso, verde, acababa de llover. Olía a vida y no se escuchaba más ruido que el de nuestras voces. Yo le dije "Espera. Escucha este silencio". Y el me dijo algo así como "Tienes razón." Y luego siguió, lo recuerdo tan bien que me atreveré con la prosa:

-Toma como ejemplo un rincón cualquiera de esta alameda, encontraras más pureza y claridad en un minuto de contemplación de este pequeño recodo del mundo, bañado por las aguas de un río al que poco le importa tu presencia, por mucho que te esfuerces en turbar su plácido fluir haciendo ranas con esas piedras. En estas ocasiones, no es difícil plantear que ventaja puede otorgarte estar en posesión de una consciencia que te permite reflexionar sobre la naturaleza de la materia viva, su composición y estado, a que especie y variedad pertenece esta planta o esta otra, o si eso otro es una piedra o un zapato abandonado. Mira, Zeta, así es imposible acercarse a lo puro, no lo encontrarás mediante la reflexión, ni a través del filtro de la razón. Todo a lo que puede llevarte ese machacón darle vueltas a las definiciones de las cosas es a conocer mejor como funciona tu mente. Acaso puede ser así, aunque en muchas ocasiones ni siquiera eso, tenemos la costumbre innata de tomar ese tipo de reflexiones por ciertas y aplicables al mundo exterior, tangible, real.
- Entonces ¿que quieres decir con todo este discurso? Creo que ha sido bastante bonito y podría estar de acuerdo en parte, pero he perdido el hilo con tanta vuelta ¿Que nos olvidemos de lo que sabemos? ¿Que renunciemos a buscar lo puro?
- Lo que quiero decir es que tienes que desprenderte de todo ello, como si mirases con ojos inocentes, nuevos, de niño.
- Si, eso lo entiendo. O lo entendí una vez, hace tiempo. Todo eso se olvida, quiero decir, es muy difícil desprenderse de todo lo que sabemos. Necesitamos saber.
- Oh, si, es una necesidad legítima. El ser humano tiene que saber, igualmente va a interactuar con sus semejantes y con el mundo que le rodea regido por ese cerebro de mamífero altamente desarrollado, de modo que es preferible cierta dosis de sabiduría, si. La ignorancia es aún más terrible.
- Como llevar un coche deportivo sin tener ni puta idea de conducir.
- Exacto, supongo. Llega un momento que eres consciente de que no sabes, de que la sensación de control es falsa. Entonces entra en juego el miedo, el pánico. Acabas embistiendo contra lo primero que se te cruza. La ignorancia hace que el miedo cobre poder, al final acaba rigiendo toda la conducta de una persona, o peor, de un grupo de personas.
- Entonces ¿dónde está el término medio? Debe existir un punto de equilibrio entre esa ignorancia ciega y la sensación de que la realidad es lo que definimos.
- No existe. Al final todo son mentiras mas o menos razonadas. Por ejemplo, las religiones que trataban de dar respuestas sencillas a preguntas complejas, que trataban de disipar el miedo arrojando cierta luz de esperanza, depositándola en una consciencia superior y ordenadora, una que nosotros no alcanzamos a comprender pero que sabemos que de algún modo «hace» las cosas por algún motivo razonable. En su origen no estaban mal, el animismo y todo ese saber chamánico. Es la explicación con ojos de niño, pero no rehuye del caos y la imprevisibilidad del mundo externo.
- Pero existen ritmos.
-¿Perdón?
-Existen ritmos. Ritmos eternos, al margen de ese caos imprevisible, hay ciertos ritmos que ordenan el Universo.
-¿Lo crees en serio?
- Claro. Los escucho, cuando cierro los ojos y hay silencio y mi mente detiene esa cháchara constante. Entonces puedo escuchar el ritmo, no es sólo mi latido o mi respiración ¿entiendes? Eso también, pero poco a poco tiende a sincronizarse con eso otro. Los ritmos que hacen que todo gire, todo se mueva. A veces me mareo un poco, pero al cabo de un rato siento como yo también giro y me muevo. Por eso todo parece estar quieto. Es bastante genial, esa sensación.
- Creo que te has desviado del tema, Zebra. Pero lo cierto es que te envidio.
- No todo sucede en nuestra cabeza. Solamente digo eso. Por lo demás, eso que dices, esa idea, me parece muy interesante, casi te diría que pienso lo mismo... pero a dónde... oh, joder.

Y aquella fué la anterior vez que me explotó la cabeza. BUM, me desmayé en sus brazos como en una obra de teatro cortesana. Eso era. Que todo era mentira, lo recordaba todo. Menuda mierda.

No hay comentarios:

Archivador