(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

lunes, 19 de enero de 2015

Libreta de falsa piel de topo mordida por un perro (9)

Es muy propio de mí lo de empezar cuaderno por detrás y además boca abajo. Lo que me llama la atención de esta libreta de falsa piel de topo es el contenido de las primeras doce páginas en el sentido normal de la lectura, son apuntes de alguien que me conocía (al menos mi nombre y aspecto) y me iba siguiendo por la ciudad hace menos de dos semanas. Ain, ese imbécil que me abordó en la cafetería. Me espiaba, tenía fichada la casa de Aldo. Había leído aquellos delirios de entonces, de la primera vez que contacté con la Ordo. Todo lo de los Espejos. Seguramente cree que soy una iluminada, y yo quiero creer que solamente estoy despierta y he visto que el mundo es una jodida locura y que necesito simplificar pilotando mi propia locura para poder hacerla frente. Joder, no quiero estar tan loca como ellos, pero creo que ese es el instinto de preservación.  Da igual la mierda que me cuenten, no importa una mierda que parezca que me ayudan. Siguen siendo unos bastardos manipuladores, tan malos como el propio Völko, y sólo me quieren para sus propios intereses de puto zumbado ocultista de las EseEse y puto hombre mágico en contacto con la verdad suprema al que le duele el mundo. Siempre fué así con Aldebarán.

Aquel día recibí un mail suyo en el que lamentaba mi mala sensación de la anterior noche pero añadía que se sentía merecedor de una explicación sobre qué había podido hacer él para convertirse en blanco de semejante arrebato de furia. Le contesté de forma breve.

Pregunta a tus amigos. Leman, Lohengrin, Lombano, Holzer y a ese soberano malnacido Vork. Y que os follen a todos, putos locos.

Un beso, Z.

Y esa misma noche, knock knock, el tío llama a mi puerta. Trae en la mano una bolsa de plástico, de supermercado. Intuyo la forma de unas botas tipo Martens dentro de ella.

No me quiso explicar como sabía donde vivía, yo tenía bien a mano la navaja automática que Fabienne me había regalado en Ciudad Bohemia. Si que confesó que ya había oído a hablar sobre mí antes de que nos conocieramos en persona, pero que evidentemente el no podía saber quién era yo cuando conectamos por el foro. Aunque ahora ya no creo que eso fuera verdad. Se que sabían que mi nick era Mnemósime** (no soy tan idiota de escribirlo aquí). La Ordo Tauri registró mis datos durante meses. Que cabrón cuando lo recuerdo ahora, tomándome de las manos. Que sabía quien era yo. Incluso mejor que yo misma. Se puso muy intenso ahí, casi le vuelvo a masajear la tibia. Pero en realidad, que coño sabía yo de casi nada de mi pasado, todo tan brumoso... la pesadilla imaginada por alguien a quien puteé mucho en otra vida.

Vörk, junto a los demás, organizaba unos seminarios en verano. Sólo tenían acceso a ellos los alumnos más destacados, con los que iban formando camarilla desde el primer curso. Gran parte de las clases con Vörk giraban en torno a sus experimentos con la paciente Z.K.

En resumidas cuentas, el objetivo de todos los estudios de V. tenía una doble vertiente: descubrir una forma de optimizar la capacidad de almacenamiento y la velocidad de procesamiento de datos de la mente humana. Generar una especie de hipertimesia artificial desligándola de la parte emocional (!!!) Al señor no le gustan las máquinas, pero parece poco interesado en lo que nos hace humanos, o tiene una repulsiva visión de ello.

Al final, debido a sus fracasos con la paciente Z.K., decidió que el siguiente paso era ¿cómo sacar provecho de las limitaciones que, según hemos comprobado incluso con casos excepcionales, son insalvables? Bombardeos de información. Información que genera información sobre el uso de la propia información. Componentes emocionales (ahora sí) que facilitaban o limitaban la absorción de la información y su transformación en estímulos. Su investigación estaba becada por una oscura fundación, un conglomerado de intereses corporativos y estatales. Eso ya lo había descubierto en mis inmersiones en la Red, algo que sólo aparecía mencionado, ZANOBRA, era una especie de palabra secreta, el nombre del proyecto.

Pero había más: a los alumnos más brillantes les abría las puertas a su sancta sanctorum, un salón cuadrado, sin más muebles que una serie de pizarras estratégicamente colocadas y cuatro pequeños altares. Sus ritos semióticos de los cojones.

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