(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

domingo, 18 de enero de 2015

Libreta de falsa piel de topo mordida por un perro (8)

Durante esos meses me había registrado en unos cuarenta foros. Por aquella época escuchaba sobre todo a Sina Nimone, y también algo de industrial y doom metal. A los División Diversión los tenía ya quemadísimos, y con Fugazi me daban demasiadas ganas de salir a la calle y querer a todo el mundo. Sólo me duchaba cuando recordaba que existían Los Puertas.

Era administradora de dos foros, uno sobre cine clásico y otro sobre mitologías comparadas. En realidad en ese había un hilo de BDSM que me encantaba.
También había dos foros de conspiranoia y nuevas tecnologías. En uno de ellos leí varios post que consiguieron atrapar mi atención mas de cinco minutos, antes de saltar a la siguiente cosa: un tal Aldebarán, que hablaba de programación neurolingüistica, Big Data y la "Historia de la Filosofía Oculta" de Alexandrian. Hacía una ensalada con todo eso, y aún así tenía un sabor interesante. Un día le envié un mensaje privado. Al siguiente comenzamos a chatear. Era un tema muy interesante, había mucha basura en la red sobre todo eso, pero combinarlo de esa forma no se me había ocurrido y parecía tener sentido. Simplificar empleando una simbología preexistente para hacer frente a un problema de dimensiones inabarcables.

Dado que el también vivía en Victorian City, quedamos para tomar un té. Me puse unos pitillos negros con mis botas y un jersey negro enorme. Mis gafas de sol redondas y el pelo recogido con un pañuelo, lo tenía muy largo por aquel entonces pero no lo cuidaba nada. Mi ciberamigo se presentó a si mismo como "Aldebarán", lo cual me hizo gracia y alcolchó el inevitable choque con una reunión en el mundo real. Era bastante atractivo, aunque mi larga ausencia de vida social podía haber influído en que se intensificara esa sensación. Es igual, follaba fatal. Eso lo descubrí la cuarta vez que quedamos. Nos lo montamos en el baño de un bar y el tío pretendía hacerlo despacio, "sincronicemos la respiración", me dijo. Hablaba muy bien.

 La segunda vez me quedé en su casa. Me entró un poco de agobio compartiendo cama con él y le pedí que me dejara otra habitación, o una manta para ir al sofá. El final fuí a otro dormitorio, con decoración de postadolescente friki de finales del siglo XX. Todo muy tierno "esta era mi habitación cuando aún vivían mis padres" me dijo "oh, lo siento, no sabía que tus padres..." "No, simplemente ya no viven aquí" "Ah..." y ya ahí perdí el hilo porque el suelo comenzó a temblar bajo mis pies (totalmente metafórico). Colgada de una de las paredes había una de esas orlas de graduación, todos los rostros risueños girados tres cuartos hacia la izquierda menos algún despistado. Intenté reconocer a Aldebarán, pero mis ojos se fueron a la parte de profesores. Ahí estaban. Leman, Lohengrin, Lombano y Holzer. Y Völko, el muy hijo de puta.

Grité, chillé, Aldebarán trató de tranquilizarme, le di una patada en la espinilla y luego creo que le golpeé la cabeza con un libro muy gordo, creo que era la edición de la Divina Comedia con las ilustraciones de Blake, no se, quizás era más grande que gordo. Salí corriendo y me olvidé las botas.

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