(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

viernes, 23 de enero de 2015

Libreta de falsa piel de topo mordida por un perro (13)

Al parecer Volkö y yo nos hemos cruzado unas cuantas veces en esta vida y hasta el momento yo siempre he salido malparada. Acojona un poco no recordar que pasó la última vez, pero por lo demás me siento fuerte. La conversación con Aldo realmente me ha hecho sentir que tengo cierto control sobre mi misma. Estoy segura de eso, y de la futilidad de la sensación de control también. Pero es un alivio saber que no estoy sola, que más allá de toda esta locura a la que me asomo, caminando bien cerca del borde, hay certezas y verdades. Ya he salido de mucha mierda y aún así conservo el encanto y que coño, las ganas de ser feliz. Necesito estar en paz y aunque eso tal vez esté un poco lejos, quitarme de en medio a Volko me hará mucho bien.

He escrito eso y me he estremecido. Porque en realidad, nadie me lo ha preguntado, pues me lo pregunto yo. ¿Y ahora qué? ¿Irrumpir en medio de su ceremonia y dejarlos en evidencia? ¿Entablar un duelo dialéctico, anular una a una sus teorías de mierda con mi verdad y mi poesía?

Y una mierda. Pienso partirle una o varias extremidades a ese cabrón. Que me denuncie, si tiene huevos.

Burgess está muy nervioso. No se fía de los Tauri, aunque lo de la Bomba de Ficción le encanta. No se fía de Aldebarán. A fin de cuentas, nunca se ha podido fiar de nadie que se acerque a mi. Es un protector de los cojones... pero no, pobre. Mi paladín. Creo que le caerá bien Aldo. Al final, sabe que no tiene poder sobre mis decisiones. Siempre termina apoyándome, por locas que sean. Aquella vez, después de ese épico encuentro con mi némesis que no soy capaz de reconstruír, apareció por la ciudad a la semana. Hacía años que no sabía de él. Desde que murió mamá, sólo le había visto dos veces, la última en París casi dos años antes. Y sin más, vino al hospital y se hizo pasar por Arthur Kidney. Firmó mi alta y me sacó de allí. Yo era un fantasma de mí misma. Muy confusa, muy incómoda debido a la parálisis y de nuevo sentía esos vacíos, esa laguna... tal vez me había vuelto a caer del pupitre. Era parecido a eso.

Burgess fue el que me puso en situación. Me habló de Völko. Me contó que mi padre estaba en Groenlandia, y prácticamente incomunicado. Mis recuerdos eran muy borrosos, incluso los del pasado. Recordaba los sucesos, pero no conseguía conectar con los recuerdos, sólo las sensaciones, mucha pena, mucho miedo, mucha soledad.

 Burguess supo consolarme y ayudarme a sentir de nuevo los pies en la tierra. Me conocía desde hacía tiempo, desde antes de ser Burgess. Era el caballero andante que mi madre admiraba y amaba en secreto, un poeta y músico con quien había trabajado (ella era cantante, tenía una voz preciosa y una técnica... la hostia, mi madre).

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