(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

sábado, 24 de enero de 2015

Libreta de falsa piel de topo mordida por un perro (14)

Se habían conocido muchos años antes de que mi madre conociera a mi padre. Una triste ruptura, el viajó por el mundo, trabajos aquí y allí. Músico acompañante, productor, compositor a destajo. Mi madre conoció a papá y se casó con él. Y nací yo.

Y entonces, Burguess volvió. No se llamaba Burgess, no aún. Aún era fuerte y atractivo, y tenía fuego en el alma y en los ojos. Recuerdo haberlo admirado y haber envidiado secretamente a mi madre, inocentemente, sin entender que pasaba. En el fondo mi madre era algo así como un personaje de Las Mil y Una Noches, y me parecía normal que hombres hermosos fueran sus amigos. Nunca vi ni escuché nada indebido. Pero había implícito un cortejo elegante, muchas cosas, mi obsesión por los detalles. No necesité ser mayor para acabar dándome cuenta de que ellos dos habían recuperado un tesoro del pasado. Incluso sabía que mi padre era consciente.

Arthur  decidió hacerse el ciego. El sabía que mamá le quería, que le quería muchísimo. Siempre había estado un poco abstraído, pero se fué volviendo más triste. Comenzó a viajar mas. Luego llegó aquel verano, había mucha tristeza en el comedor, había tanta tristeza que a penas se podía comer, la luz era fría y toda la comida sabía a tristeza, es ese sabor como a quemado o recalentado mezclado con un regusto a jabón aclarado de forma distraída. El mismo que obtienes de un plato rozado por la misma cuchara demasiadas veces, incluso una cuchara que evocaba unos labios que evocaban otros que no estaban ahí. Yo tenía mucho miedo. Burguess se había marchado a vivir a Nueva Amsterdam, mi madre no lo estaba llevando bien, y mi padre había comenzado a desear que terminase ya esa farsa. Hubo un par de discusiones fuertes "¡Quiero que termine ya esta farsa!" decía él entre lágrimas, las recuerdo porque mis padres discutían muy poco entre ellos.

Y un día, imagínate, ella está metida en sus problemas y de repente la llaman por teléfono y tiene que ir a pilotar un helicóptero de bomberos. A mi madre le encantaba volar, tenía mucha experiencia y se había presentado piloto voluntaria para la campaña antiincendios del condado. Era un trasto un poco viejo. Un fallo mecánico debido al desgaste, unido a que mi madre lo forzó al máximo. Oh, sí, todos estuvieron de acuerdo: se acercó demasiado a las llamas.

Burguess vino al funeral. Recuerdo como me sujetaba del hombro. Recuerdo como mi padre y él se abrazaron. Parecían dos hermanos llorando a su propia madre.

Luego nos fuimos a América y a Burgess no volví a verlo hasta que él mismo me encontró en París. Entonces quería salvarme de mi misma empleando un tono paternal, yo por aquellos tiempos entonces me perdía con facilidad pero no dejaba de descubrir cosas, todo parecía bastante natural, buceando a pulmón en aquel caos sensual y aterrador. Al final acabamos hablando de mi madre, y decidí mandarlo a la mierda.

La segunda vez fué cuando vino a buscarme a aquel hospital tan británico, con esos pasillos tan largos, ya estaba absolutamente paranoico, pero claro, se había metido hasta el fondo en cosas muy oscuras. Siguió su curiosidad hasta destapar la caja de Pandora. Y nos ha llevado hasta este punto.


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