(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

lunes, 19 de mayo de 2014

Diario de Z.K.: Día Cuadragésimo (con botas nuevas)


zzzzzzzzzzz paf paf paf

Acabo de llegar a la ciudad y he tenido suerte de encontrar rápidamente una droguería para comprar uno de esos esprays desinfectantes de los que usan en las boleras. Las botas me quedan bien y son cómodas, pero no voy a exponer mis pies sexys a los hongos de un macarra pelón que no puede resistirse delante de sus colegas al desafío de una "zorra delgaducha". Lo que no sabía ese pobre desgraciado es que fui campeona de eructos durante tres años seguidos en el Nifelheim, un bar de heavys grandotes y melenudos. El truco del eructo zebrástico es hacer acopio de todo ese aire que se me va acumulando por la hiperventilación y luego lanzarlo a la cara del oponente con una expresión que tiene que pasar rápidamente del "adorable muchachita a la que le da vergüenza esta mierda tan vulgar" a "GOOOORGONNNAAAAAAAAAAAAAARGHHH".
Tiene que ser fuerte y largo. Y si potas pierdes, colega. Jaja, gracias por las Martins, capullo.

Llevo el sombrero de Aldo como complemento. Y he llegado con media hora de antelación a mi cita con Burgess, así que voy a aprovechar para resumir lo que pasa con Aldo. No le puedo explicar todo. Y no puedo complacerle. No quiero ponerme paternalista (¿maternalista? bah, no sé). Pero aunque ahora esté bien, no quiero arrastrar la certeza de que en algún momento le joderé, sin querer, sólo porque de una forma u otra se va a decepcionar. Aunque lo supiera de antemano, una cosa no evita la otra. Así que le digo "corre tan rápido como puedas, querido, huye de aquí, no soy una sádica, dale tu amor a quien sepa apreciarlo". Y ya está. Pero...bah, que mierda 'clic'

zzzzzzzzzzzzzzzzz 'clic'

Ya está. En realidad claro que tengo putas dudas. Reconozco que alejarme de él no habría sido tan fácil de no ser por ese "encuentro casual". Fue un viernes, como siempre eché un vistazo a los clasificados del periódico local. Y ¡plas! me encuentro con el anuncio que Burgess y yo habíamos pactado, "¡Dejá de morderte las uñas con hipnosis, che!". Significaba que mi presencia había sido detectada por alguna de esas misteriosas "manos negras" que yo había intuído y Burgess estaba convencido de que eran reales. Contacté con el a través de un foro de fanáticos del Pong (si, aquel videojuego de los dos palitos blancos y el puntito que iba y venía). Según mi paranoico amigo alguien había preguntado por mi, y posiblemente mi habitación del Motel Kimberly estaba siendo vigilada. Lo bueno de tener a un paranoico como colaborador es que una de cada diez veces su percepción hipertrofiada del peligro puede salvarte el pellejo. Hablé con Aldo apresuradamente, le dije que alguien de mi pasado estaba rondando por la ciudad, buscándome. Que no era nada peligroso, ni como para avisar a la policía, pero prefería evitar el encuentro. Que tenía que marcharme y resolver algunas cosas. "Como desees" me dijo después de quedarse un momento pensativo. Luego se metió en su habitación y revolvió en uno de los armarios. Apareció con una peluca rubia color miel, de pelo natural y unas gafas de sol enormes. No le pregunté de dónde las había sacado (en realidad no me sorprendió demasiado, no es que crea que Aldo tiene un secreto alter ego travesti, aunque quien sabe, pero lo que está claro es que acumula información y gadgets "por si acaso"). Me lo probé y la verdad es que daba el pego. "Estás totalmente distinta, pero es increíble, sigues siendo igual de jodidamente sexy" dijo Aldo. Lo completé con un jersey rojo suyo que a penas había estrenado (le quedaba grande, pero le había dado vergüenza ir a cambiarlo) y me di bien de pote para cubrir lo que Aldo denominaba "mi palidez romántica" y mis reconocibles lunares. Recogí mis cosas, me despedí de Maldoror (movía la colita muy contento, como si le fuera a sacar de paseo, pobre). Aldo también parecía estar contento, muy tranquilo. Antes de que me marchara me preguntó cuando volveríamos a vernos. "No lo se, Aldo, necesito tiempo". "¿Dentro de un par de semanas, en la plaza junto al parque?" me preguntó. "No se" le dije "ahora mismo no tengo la certeza de qué voy a estar haciendo dentro de dos semanas". "No importa. Dentro de dos martes, a las once" me dijo, con una voz dulce y confiada. Así lo haremos, Aldo. Si por algún motivo no puedo estar aquí para entonces te avisaré "¿Estarás bien? ¿No quieres que te acompañe al Motel?" Tranquilo, Aldo. Solo es gente que no me apetece ver, estaré perfectamente y nos veremos pronto. Sonrió, me regaló este sombrero "Le chapeau protège le cerveau" me dijo. Me besó las palmas de las manos.
zzzzzzzzzzzzzzz 'clic'

'clic zzzzzzzzzzzzzz
Salí del piso sin mirar atrás, la puerta se cerró tras de mí. Me faltaban dos pisos por bajar cuando empecé a escuchar los aullidos del perrito. Sentí una punzada, un desagradable pinchazo en algún lugar indeterminado entre el esternón y la pelvis. Ains. 'clic'

'clic' zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Cuando estaba llegando al Motel me fijé en un tipo dentro de un coche aparcado en la acera frente a la puerta. Sólo distinguí una silueta, y aunque suene raro me resultó conocida. La hostia, me empecé a poner muy nerviosa, ¡pero no pasaba nada, no pasaba nada! La recepcionista se alegró mucho de verme porque pensaba que me había escapado sin pagar, y ojalá lo hubiera hecho pero había dejado allí la mayor parte de mi equipaje. Recogí rápidamente las cosas, aunque me detuve un rato para poner en orden mis diarios y libretas. Luego estuve media hora buscando mis botas hasta que tuve que reconocer que me las había dejado en casa de Aldo. Empezaba a llover, una tarde lluviosa de octubre, y yo sólo tenía unas playeras de tela bastante agujereadas. ¡Fuck! Salí corriendo calle abajo. Miré hacia el coche cuando crucé la calle. Los limpiaparabrisas se movían de izquierda a derecha con un ritmo hipnótico.

Subí al primer autobús con destino al centro que pasó por allí. Iba muy lleno, los cristales se empañaron y entonces me atreví a mirar detrás. El puto coche nos iba siguiendo. Bajé en el punto mas turístico de la ciudad. Busqué una cafetería grande y luminosa, atestada de gente, y cogí una mesa en la esquina. Entonces el tipo entró, mirando a todas partes como si temiera que un clan de ninjas asesinos estuviera emboscado tras los biombos de inspiración dadaísta (bejj). Llevaba gabardina y sombrero, el tío. Al final tomó posición en la barra. Me sonaba muchísimo y no se, era muy raro. Por un lado me daba miedo (¿quien coño es este tipo y por qué me sigue?) pero había en él algo familiar. No se por que coño lo hice, pero le invité a sentarse en mi mesa. Al principio parecía reacio, pero pronto pareció interesarse mas. No me quitaba el ojo de encima.

Va a ser la hora, así que resumiendo: el tío se llama Ain. Dice que me conoce. Que conoce a gente que me conoce. Que está con un grupo de personas unidas por un interés común, espiritual y podría decirse que esotérico. Que sabía quien era yo y lo que estaba buscando. Que conocía bien a ese Volkö, porque en su momento ocupó un cargo importante en su secta. Yo mantuve la compostura, pero hablaba de todo ese rollo ocultista con tanta seriedad que empezaron a sudarme las palmas de las manos, y a mi nunca me sudan las palmas de las manos. No me fiaba de él, claro, así que no le conté nada de mi borroso despertar en aquel hospital o del expediente de Burgess, ni le pregunté sobre los experimentos de Volkö. En fin, no se lo había contado ni siquiera a Aldo. Pero si que le conté la escenita del local y la disección de los Cantos de Maldoror. Ain sonrió "así que por fin lo han hecho, malditos locos" Entonces me dió los nombres, uno tras otro. Leman, Lohengrin, Lombano y Holzer. Según Ain están obsesionados con que una maldición ducassiana pende sobre ellos. El escritor encadenó bajo aquellos nombres los espíritus de cuatro individuos que lo mortificaron, y que ellos están convencidos de ser la reencarnación de los "malditos" originales. Todo el mundo está muy loco, pero joder, de alguna forma tiene sentido. Me dijo algo más: la Universidad de Altos Estudios Postalternativos organizaba la siguiente semana un simposio de lo más interesante. Völko era uno de los ponentes principales. La élite de sus lameculos estaría presente, y tras las charlas tendrían un cónclave privado. Sospechando que pudiera ser una trampa, le pregunté por el origen de esa información "Hace años que tenemos acceso a sus cuentas de correo electrónico. Piénselo, señorita Kidney, esta puede ser la oportunidad que usted y nosotros hemos estado esperando para desenmascararlos". Lo peor fue cuando respondió a la pregunta de cómo conocía mi nombre, qué sabía sobre mí y cómo me había reconocido a pesar del cuidado disfraz "Tu fuiste una de los nuestros, Zebra. Aldebarán te estimaba a ti por encima de todos los demás hermanos. Por eso Volkö te hizo lo que te hizo: para dañarnos, para dañar a Aldebarán, y porque te tenía miedo. Sabía en lo que podías llegar a convertirte". Suficiente. Eso le dije "Es suficiente. Estáis todos locos, cabrones. Ojalá me dejaseis en paz. Ojalá pudiera olvidarme de todo esto, especialmente de lo que no recuerdo, ojalá me olvidase del todo y pudiera tener una vida normal con gente interesante. Y tu, con tu rollo de Phillip Marlowe, no eres más que otro niñato colgado que se toma demasiado en serio a si mismo y a las flipadas que le pasan por la cabeza cuando está hasta el culo de hierba y setas. No se le ocurra seguir persiguiéndome, señor Ain. No se quién coño es Aldebarán pero dígale que se equivoca de persona. Que me la sudan todas sus historias. Le advierto de que sé defenderme y no estoy completamente desarmada e indefensa, se lo aseguro. Si vuelvo a encontrarme con usted, le va a doler. En serio. Y ni se le ocurra ofrecerse a pagar el café, me ha invitado el camarero porque "mi cabello es como el de una actriz del Hollywood dorado". Putos imbéciles.

Así que ya no había tiempo para mas. Llamé a Burgess desde una cabina, se cabreó porque ese no era el protocolo de seguridad pactado pero en ese momento no me importaba una mierda su rollo de espías. Nos citamos en el campus de la UAEP. Y aquí viene. No se si esta será mi última entrada, o si acabaré por mandarlo todo al carajo, sea como sea... bueno, ya. 'clic'
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