(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

miércoles, 16 de abril de 2014

Diario de Z.K. Día décimo sexto

zzzzzzzz pf pf pf

Diario de Zebra Kidney, décimo sexta jornada. He decidido probar con el termino "jornada" porque "día" resulta reduccionista, las noches cuentan. Te cuentan tantas cosas, si, las noches.

Son las 3:07 a.M. de lo que, según la anterior ordenación, sería el día décimo séptimo, pero como aún no he cerrado el periodo de tiempo que transcurre desde mi despertar con churros fríos en casa de Aldo, en fin, que sigo estando en el décimo sexto. Bueno, no creo que esto tenga mucha...bah 'clic'zzzzzzzzzzz

zzzzzzz 'clic'

Recapitulando, antes de que me venza el sueño de nuevo. Estoy en la habitación de Aldo, mientras mi anfitrión duerme en el sofá con un nuevo amigo, un perrito al que he llamado Maldoror, que se enrosca de forma adorable a sus pies.

Continuando a partir de mi última entrada (que terminó con un exceso de enardecimiento, aún me queda mucho trabajo que hacer antes de poder completar mis objetivos), después del desayuno pregunté a Aldo por el recital de poesía en el que nos habíamos conocido, intentando descubrir cuanto sabía sobre Alba Lohengrin y la Capilla del Eco. Al parecer el señor Graco conoció a la poetisa en un foro "relacionado con literatura apócrifa y crímenes pasionales en el nombre del arte" y sabe que está, según sus palabras "vinculada a una asociación cultural bastante cerrada y rancia".
Yeah, eso es dar en el clavo 'clic'

'clic' zzzzzzzzzzzzz

He bromeado con el término "asociación cultural cerrada", sugiriendo de forma hilarante que tal vez fuera una secta. Me ha sorprendido mucho la reacción de Aldo, quedándose muy pensativo unos segundos para  luego, con un ímpetu insospechable, ir hasta uno de sus armarios de seguridad, que ha resultado ser un archivador con mucho mas fondo del que aparentaba tener cuando estaba cerrado. Reconozco que por un momento me he quedado hipnotizada viendo la presteza con la que sus dedos pasaban las distintas fichas, y cuando he hecho un comentario apreciando su habilidad me ha contestado con tono grave, muy serio y profesional (cof cof, intentaré imitar su voz) "esta es la verdadera prestidigitación. La otra, la de monedas y cartas, es mero escamoteamiento", o algo así, acompañando sus palabras con un gesto con la ceja izquierda y el lado izquierdo del bigote que me ha dejado loca. Quiero decir, es como si su cara marcase las once y cuarto. ¡Dos veces! Se ha debido percatar de que le observaba, no se, con cierto respeto o incluso admiración (en realidad me he quedado atontada pensando en lo de las once y cuarto, a veces me quedo impresionada con "revelaciones" aleatorias como esa), porque se ha distraído y su voz grave se ha convertido en un agudo chillido al decir "¡Ajá! ¡Aquí está!" extrayendo una tarjeta con la mano derecha, prolongando el mismo movimiento para cerrar el cajón archivador con el codo, para pillarse de forma muy evidente los dedos de la mano izquierda (hasta la segunda falange). Le ha debido doler muchísimo, pero el único sonido que ha salido de su boca ha sido un leve gorgorito, una mezcla entre tos, carraspeo y atragantamiento. 
Adorable.
'clic'

zzzzzzzzzzzzz'clic'
En la ficha aparecían seis nombres, de los cuales dos ya tenía identificados como miembros de la Iglesia Semiótica. Estaba exultante mientras me contaba, cof cof "aquí está la dirección del club, y según tengo anotado se reúnen los martes por la noche. Si tanto le interesan estos intelectualoides semióticos, puedo llamar a Alba para ver si esta noche podemos acceder como invitados a uno de sus recitales privados. En realidad es muy aburrido porque están tan obsesionados con el lenguaje y con la materia de la comunicación que prácticamente no dicen nada. Eso de Capilla del Eco... en fin, en realidad una vez al mes se dedican a repetir como loros máximas de su "Gran Profeta". No cabía en mi de la emoción, información a raudales. Rápidamente (tal vez demasiado rápidamente, tampoco puedo dejar que sea tan evidente mi misión, aún no conozco lo suficiente a este tipo) le he preguntado por ese Profeta. Me ha respondido con tono de voz divertido (el tío se va soltando) "¿Quién crees? ¡Ní!¡Umberto Eco, claro! De ahí el nombre de la "Capilla", supongo". 'clic'

zzzzzzzzzz 'clic'

Aldo intentó comunicarse con esa Marlene Dietrich de cera, Alba Lohengrin, pero al parecer tenía el teléfono desconectado. Aún así parecía resuelto a saciar mi curiosidad, así que nos encaminamos al local sin invitación, cosa que por algún motivo le parecía tremendamente audaz. Por el camino no pude resistirme a preguntarle sobre ese archivo "¿Por que guardas en un archivo información sobre esta gente, Aldo?" Entonces es cuando me ha dado miedo. Se ha parado en seco, sosteniéndome los hombros con firmeza. Tras mirar hacia los lados para comprobar quién había alrededor (en realidad bastante gente)  me ha empujado hacia un pequeño y oscuro callejón. Le he dicho "hey ¿que pasa?", e instintivamente me he preparado para mi mejor golpe corto. El me ha mirado muy fijamente, y poniendo voz de Philip Marlowe "Mery... en realidad no soy escritor. O si, bueno, lo soy porque escribo cosas pero la mayor parte del tiempo soy redactor. Seguramente habrás oído hablar de la revista (NOMBRE DE LA REVISTA)". La verdad es que nunca lo había oído y estoy bastante segura que que recordaría una publicación con un título semejante. "Se trata de una revista de... investigación. Me dedico a investigar. Seguir pistas. De modo que tengo por costumbre recopilar datos y pistas. Por ejemplo, como tu has dicho ¿quién puede decirme que la Iglesia Semiótica no es en realidad una secta? Cierto que son gente inteligente y que el hermetismo que los envuelve sugiere que puede haber algo mas detrás. Hay que tener cuidado con esas cosas, Mery" Se ha acercado mucho a mi cara, con los ojos bastante abiertos, y he intuído ese brillo febril de la locura en su pupila. Y aún así, me inspira confianza, y cierta locura brillante me resulta sexy así que simplemente he sonreído. Su expresión dramática ha variado sutilmente hacia el pánico mientras intentaba evitar que me diera cuenta de que miraba furtivamente mis labios con un movimiento de ojos como de "ERROR EN EL SISTEMA". Entonces ha cambiado el gesto por una sonrisa cansada, negando con su cabeza una pregunta no formulada
"Vamos, querida, no queremos que se nos haga tarde".

'clic'

zzzzzzzzzzz 'clic'

Tras caminar unos veinte minutos, haciendo un zig zag entre las calles que me ha dejado totalmente desubicada (empiezo a pensar que el buen Aldo es en realidad un paranoico de libro, que lástima), nos hemos detenido frente a una puerta metálica, la típica puerta de chapa en un local con una fachada tosca, planchazos de cemento que apenas disimulan el ladrillo virgen, en un edificio que tendrá al menos veinte años. La puerta tenía una mirilla, y Aldo ha hecho ese gesto tan común y tan tonto de intentar mirar por ella desde fuera. Tras golpear varias veces hemos esperado unos minutos. Aldo no paraba de repetir lo extraño que era eso porque en su ficha ponía bien claro que se reunían todos los martes y que era bastante sospechoso que un grupo como este cambiase en bloque la fecha de sus reuniones, y que de hecho en el recital les había oído mencionar "la reunión de la próxima semana". Puede que hayan cambiado de sede, pero Aldo insiste en que ése era el lugar y era muy simbólico para ellos. Entonces lo he oído, tan claro como si la puerta estuviera abierta, los angustiados llantos de un perro de tamaño pequeño. "¿Has estado aquí otras veces, Aldo?" le he preguntado "Solamente en una ocasión, vine a presenciar una performance a cargo de varios tipos con los pies en la cabeza, en realidad no entendí absolutamente nada pero creo que esa era la intención", ha sido su respuesta. "¿Y recuerdas algún perro?". No me ha sabido responder, y los gemidos caninos se han tornado en unos agudos ladridos sincopados. Y mira, no he podido mas.

"Espero que no seas un maniático de la propiedad privada, querido, porque voy a abrir esta puerta". Y sin darle tiempo a responder, congelándolo con un gesto de autoridad que no se de donde me ha salido pero me ha salido muy bien, he sacado de mi bolso mi espray mágico abrepuertas, el DNI de un tal Jose Ramón Nergal (que encontré hace años en una estación de autobuses y desde entonces se ha convertido en una de mis herramientas ninja de cerrajería) y una pequeña ganzúa que ni siquiera he necesitado. Una rociada, un poco de cuña con el carnet, un tirón en el momento oportuno y la puerta se ha abierto con un 'clac'. No podía imaginar el horror que íbamos a encontrar dentro.

"No podía imaginar el horror...", me ha quedado muy cliffhanger y no puedo con mi alma y la cama es cómoda, casi que lo dejo así por el momento. Buenas noches.
'clic'








 

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