(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

miércoles, 2 de abril de 2014

Diario de Z.K. Día Tres

zzzzzzzzzzzzbfffffffffff 'clic' pf pf pf 

Diario de Zebra Kidney, día tres. Después de revisar las anteriores grabaciones me he dado cuenta de que no tiene mucho sentido saludarme a mi misma con "buenos días" o "buenas tardes", es preferible indicar la hora y ubicación. Son las 5:32 a.m. y estoy en mi habitación del hostal Kimberly, un nombre horrendo para un hostal, totalmente acorde con las cortinas de franela decoradas con motivos florales, flores rojizas y ramitas de hojas verdes con zarzamoras. A primera vista podría decirse que el diseño del estampado se inspira en la idea de un Santo Sudario aplicado a un yogur de frutos del bosque deconstruído, peeeeero esta vez no voy a divagar, las reflexiones sobre pupitres y la importancia de la hidratación de las anteriores entradas de este audiodiario están bien, pero no me sirven de mucho a la hora de dejar constancia de los avances de mi investigación. Llevo cinco días en esta ciudad y por fin he contactado con alguien que puede abrirme las puertas de la Iglesia Semiótica. Sergio Flú es el enjuto dependiente de una librería de segunda mano que parece tener unas ideas muy particualres sobre catalogación bibliográfica. A pesar de su aspecto anacrónico (parece sacado de una de esas fotos amarillentas de finales de los sesenta, con su negra y rizada barba desproporcionada en relación a su complexión delgada y sus hombros estrechos, y unas gafas que podrían haber sido rescatadas de la cómoda del bisabuelo. ¿Se mira al espejo ese hombre? ¿no se da cuenta de que esa barba sólo remarca el hecho de que su cabeza es demasiado grande para ese cuerpo tan flaco? No he podido dejar de fijarme en como se estrecha hacia el extremo, como si fuera una pata de pelo muy práctica para apoyar la barbilla a una distancia de unos 30 centímetros de la mesa dejando las manos libres). A pesar de eso y de su irritante tartamudez (que no creo que sea crónica, tengo la teoría de que emerge ante la presencia femenina, a la que no parece estar muy habituado), parece tener las conexiones que estaba buscando. No soy muy amiga de utilizar, como suele decirse, "mis encantos femeninos" (estoy haciendo el gesto de "entre comillas", dejo constancia) para alcanzar mis fines, pero hey, una no tiene la culpa de ser encantadora, sexy y llena de estilo (ironizo, en realidad en estos momentos me siento bastante vapuleada y apuesto a que estoy pálida y ojerosa, llevo mas de 48 horas despierta). 

Llegué a la librería de Flú siguiendo las indicaciones de Burgess. Es sorprendente la cantidad de cosas que sabe este tipo, si consigues leer entre líneas y suprimir de su discurso todo el colorido que añade para intentar acojonarte. Busqué durante casi una hora alguno de los títulos que llevaba apuntados, pero no conseguí dar con ninguno de ellos. Entre tanto me sorprendió encontrar unas antiguas ediciones de las novelas de Vernon Sullivan. La mirada del librero se me clavaba en la nuca como una etiqueta de Bershka, y cuando vislumbré, colocado horizontalmente con el perfil de las hojas (el lado contrario al lomo, no se como se llama, mañana lo buscaré) hacia afuera y con las esquinas desgastadas y renegridas, ese estrecho librito de Molinero, Obra Pistórica, con su sugerente cubierta (fusta incluída) no pude reprimir la divertida idea de olfatear el libro, pasar sus hojas con cuidado hasta dar con la previsible marca de humedad reseca con forma de yema de dedo pulgar entre el tercer y el cuarto párrafo de la orgía de la página setenta y ocho. Bastó una risita de satisfacción para que el hombre superase su timidez por un instante y se lanzase con un "un lib un lib un...". Entonces giré sobre mi misma sin mover los pies (estoy muy orgullosa de mi capacidad de torsión)  y le miré muy seria diciendo "¿hacéis descuento en los libros manchados de lefa?". La piel cetrina del librero se enrojeció (muy despacio, como si su metabolismo fuera lento) mientras balbuceaba algo así como "le... le... le...". Me reí muchísimo, pero bien, sin parecer una hija de puta, creo. Espera, creo que esto no 'clic'

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