(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

jueves, 27 de marzo de 2014

Un empujón nada más.

De "Semanario de Conciencia Social", periódico independiente autogestionado.

Hace cinco años que Aldo Graco espera en la puerta de Zebra Kidney con un ramo de tulipanes en la mano. Evidentemente los tulipanes ya están echados a perder, sus pétalos hace tiempo que cayeron y fueron barridos por los atentos bedeles del Asilo Magallanes. Durante los cinco años Aldo, que se quedó quieto en estado catatónico una tarde de abril de 2009, ha resistido todo intento de ser desplazado de ese punto exacto. En cierto modo es como si el hospital al completo se hubiera detenido, aunque en palabras de su director, el doctor Volko “El centro ha mantenido en todo momento su actividad y dado las pertinentes atenciones a los pacientes. El caso del señor Graco no difiere mucho de otros trastornos que hemos tratado aquí. Por supuesto durante todo este tiempo se le ha alimentado y aseado eventualmente”. Un hecho que llama particularmente la atención es la expresión de duda angustiosa que tiene su rostro. “Es evidente que el señor Graco manifiesta una parálisis total muy enraizada con el suelo de la planta tercera, posiblemente la manifestación más radical, si puede aplicarse tal término a un estado de completa inmovilidad, de un caso de abulia extrema”.

Para confirmar este diagnóstico, entrevistamos telefónicamente a la persona que mejor le conocía y que afirma haberle visitado con frecuencia a lo largo de su convalecencia (aunque podemos señalar que no ha aparecido ningún registro que lo confirme). Yulian Moors, director de la revista "(NOMBRE DE LA REVISTA)" nos revela que Aldo Graco, uno de sus redactores especializados en conspiraciones, era “como todos esos conspiranoicos, una persona que vive de continuo fuera del mundo real y tangible. Su cabeza está llena de información que se mezcla entre sí de forma caótica, estableciendo todas las conexiones concebibles, y sus capacidades deductivas y bullente imaginación le conducen a generar toda suerte de escenarios terribles cuando baraja las consecuencias de sus propias decisiones. Su obsesión por preveer le privaba habitualmente de actuar”. Moors pone como ejemplo el caso del perrito del señor Graco “perdió a su perro en el parque, y se moría de la pena. Pero no se atrevía a ir a buscarlo, por no asimilar la realidad, que para él era inamovible desde un principio, de que seguramente no lo encontraría”. La desaparición del perrito resultó tener un trasfondo verdaderamente rocambolesco, digno de uno de los artículos del periodista “un fanático de la revista llamado Burgess, que admiraba a Graco y estaba obsesionado con que este difundiera e investigara su propia teoría de la conspiración, de claro fondo antisemita, vio a Aldo paseando por el parque y en un despiste se llevó al perrito atrayéndolo con unas chucherías. Luego intentó hacer creer a Aldo que el perro había sido raptado por una secta llamada “Zanobrá”, que, siempre según el jodido loco de Burgess, modificaba los alimentos durante su proceso industrial añadiéndoles niños en polvo y se comunicaba con entidades superiores mediante un lenguaje absoluto”. Tras darse noticia en la revista de la enfermedad del señor Graco, Burgess se entregó a la policía y devolvió el perrito, pensando que su pequeña estafa había podido causar el colapso nervioso de su redactor favorito. Desde entonces, el fiel animal de raza indeterminada ha permanecido de pie o tumbado junto a su dueño “sólo se deja sacar a pasear una vez al día para hacer sus necesidades, y sólo cuando se cerciora de que Mijail, uno de los internos más veteranos, se queda al cuidado de su amo”, nos cuenta Roscoe Jarris, uno de los celadores del Asilo Magallanes. El abnegado perro, que ahora tiene ya seis años, ha desarrollado una cierta atrofia en sus pequeñas patas, y aúlla puntualmente todos los martes “a eso de las dos y veinte, es verdaderamente curioso”.

Por supuesto existe otro factor: Zebra Kidney, la paciente junto a cuya puerta permanece paralizado el periodista “Durante los primeros meses hubo rumores sobre la señora Kidney entre los miembros de la redacción que mas se esforzaron en buscar que podía haber detrás del ataque de Aldo.” señala Yulian Moors “Descubrieron que en realidad siempre habían sabido muy poco del bueno de Aldo, pero para un periodista, y más perteneciendo a un medio como éste, no resulta casual que un colega sufra un severo ataque de estupor que derive en catatonia justo en la puerta de una paciente catatónica. Su historial parecía plagado de incógnitas, a parte de datos vagos sobre su lugar de origen, y el contacto que figura en él parece no corresponder al nombre de ninguna persona viva. Las facturas del hospital se pagan desde una cuenta anónima procedente de un colectivo filantrópico privado. Incluso se mencionó su posible vinculación con cierto grupo del ambiente intelectual radical underground llamado “Iglesia Semiótica”

Cuando preguntamos por ella al doctor Volko este se muestra reticente a dar mayor información sobre su origen “Evidentemente una institución como la nuestra acoge a pacientes que por diversos motivos prefieren permanecer en el anonimato. En ocasiones es la voluntad de la familia o del representante legal de la misma la que impone discreción y silencio”. Sobre el estado de salud de la paciente, el doctor también se resiste a entrar en detalles “está aquejada por una dolencia aguda que muy probablemente haya provocado daños irreversibles, aunque físicamente está todo lo bien que puede estar tras pasar años sentada en una cama sujetándose sus propias rodillas”. Respecto al nombre, Zebra Kidney, que no parece vinculado a ninguna identidad registrada, Volko contesta con rotundidad “Disculpe si no entro a valorar el nombre de la paciente. Si es verdadero o es un seudónimo no es un tema que nos competa tratar en este centro. Cuidar de ella mientras dure su dolencia es nuestro único afán”. La doctora Cassandra Bélgica, ex-trabajadora del centro, nos revela un dato que no hace sino acrecentar el misterio “La paciente, cuando yo empecé a trabajar aquí, no cerraba jamás los ojos. Debíamos suministrarle lágrimas artificiales y en ocasiones le colocábamos un antifaz para que descansara la vista. La habitación permanecía casi siempre a oscuras, hasta aquel día en el que el señor Graco entreabrió la puerta. Al cabo de pocos días comenzó a guiñarlos alternativamente, a veces durante largos periodos de tiempo, manteniendo ritmos regulares. Luego pasaba largas temporadas con ellos cerrados, alternadas con nuevos periodos de guiños. Al principio lo interpretamos como una señal de mejoría, pero hasta donde yo se, no ha pasado de esa fase en los últimos cinco años”. La doctora Bélgica atribuye el cambio a la hora en la que Aldo abrió la puerta “Eran algo más de las dos, y a esa hora entra mucha luz por los ventanales del pasillo. Provocó una reacción que parece haberse quedado en un simple tic. Hicimos más pruebas con luz, pero sin obtener resultados apreciables. Aunque reconozco que resultaba romántico pensar que ese hombre del ramo de tulipanes había ido a despertarla de su sueño. Sea como sea, parece que se quedó atrapado en el intento”. La doctora Bélgica recuerda las dificultades de trabajar con un hombre clavado de pie ante la puerta “está ahí plantado y no se le puede mover de ninguna forma, de modo que hubo que abrir una nueva puerta a través de la pared que comunica con la habitación contigua”.



Una trágica historia plagada de elementos evocadores, aunque Moors nos desvía de la teoría romántica “Aldo nunca tuvo mucha mano con las mujeres, aunque por aquellos tiempos estaba bastante obsesionado con una modelo local llamada Polly Masters, que había posado en alguna ocasión para nosotros”. La señora Masters reside actualmente en Pensacola, Florida, y ha declinado realizar declaraciones a este periódico.        

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