(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

viernes, 20 de febrero de 2009

.26.

El doctor me espera agazapado tras una mesa llena de papeles en uno de esos despachos fríos con muebles de contrachapado tan habituales en lugares así. Tendrá unos cincuenta años, y una epidermis tremendamente elástica y descolgada que le confiere el aspecto de un hombre obeso desinflado, con la piel tan dada de sí que podría envolverse en los pliegues de su cara cuando hace frío. Tiene algo similar a una perilla, solo que en lugar de dejarse en pelo en la barbilla lo ha hecho a un lado de la cara. O quizás la piel de la barbilla se le ha ido deslizando hacia un lado. Su postura, apoyando el mentón sobre el puño izquierdo, es una posible causa. Una frente de perro chow chow coronada por escasos mechones canosos y grasientos y un reservorio de granos púrpura que se extiende en forma radial desde sus mejillas hasta los pómulos añaden al desagradable aspecto del doctor Volko un toque de enfermo infeccioso. Sus dos pequeños ojos negros, hundidos en profundas ojeras violetas, me observan magnificados por los gruesos cristales de sus gafas.
- Buenos días, doctor. – le entrego una de mis tarjetas, esa en la que pone “Redactor” – Soy Aldo Graco, redactor de la revista (NOMBRE DE LA REVISTA). Creo que es usted un hombre muy ocupado, llevo esperando casi dos horas.
El doctor habla como un grillo tímido.
- ¿Ah, si? ¿Y por qué ha esperado usted tanto? Llevo toda la mañana en el despacho.
- El celador en la puerta me dijo que debía esperar…
Una risa húmeda escapa del esófago del buen doctor. Podría confundirse perfectamente con una arcada.
- ¿El celador de la puerta? Ese es Mijaíl, un buen chaval al que dejo jugar a los secretarios. Pero no es un celador, es un interno. Supongo que habrá aprovechado la ocasión para ponerle al día sobre sus teorías socio-políticas…
Me siento estúpido. Se me nota, y al doctor parece agradarle.
- Parecía muy coherente, la verdad…
- Por supuesto que es coherente. Es un joven estudiante de sociología con ciertos problemas de adicciones y obsesiones que le ponen en disonancia con su propia sociedad. La sociedad lo rechaza, y él está mejor aquí que en la cárcel. Justifica con su locura pequeños actos terroristas y su condición de drogadicto – su tono de voz cambia, ahora parece un grillo serio. Suspira con la resignación - ¿Qué puedo hacer por usted, señor Graco?
Aquí viene mi parte. En primer lugar, saber si el doctor está implicado en todo este feo asunto.
- ¿Quiere decir que no me esperaba usted? ¿No le habían avisado de que venía?
- La verdad es que esperaba una mañana tranquila, no, nadie me ha avisado de que venía usted. No se quién es y no se lo que quiere, pero si es tan amable de comunicármelo sin misterios podemos solventar esta situación rápidamente y yo podré seguir con mis asuntos.
El tipo parece lo suficientemente hostil como para estar diciendo la verdad, no me esperaba y no me conoce. Pero está a la expectativa: no me esperaba a mi, pero esperaba a alguien.
- Estoy haciendo un reportaje para mi revista. Como usted sabe, los enfermos mentales…
- Los pacientes – me corrije. El grillo habla ex catedra.
- Tiene razón, olvido con facilidad los enredos de lo políticamente correcto. – sonrío, pero no demasiado – Los locos fueron considerados en diversas épocas y culturas no como enfermos, sino como iluminados por Dios… o malditos por el Diablo.
- Ajá.
- Querría hacer un reportaje sobre estos delirios que causa la (antiguamente conocida como) locura y que, por su coherencia, parecen encerrar en si una cierta verdad difusa… como en el caso de su"secretario".
- Ajá. Muchos locos han explicado sus acciones como influidas por Dios o por el Diablo - chasca la lengua después de decir Diablo, lo juro - En la práctica totalidad de los casos no son más que delirios en pacientes ni diagnosticados ni tratados de enfermedades como la esquizofrenia, o presas de un brote psicótico. La marginación y el trato inhumano llamado sin pudor "médico" que se ha dado históricamente a esos enfermos es una de las lacras más grandes de la humanidad. Son mucho más peligrosos aquellos que, sin estar identificados como locos, dan oídos y alientan estas irracionalidades. Verá – toma aire agitando levemente su cara fláccida, para luego proyectarla capa a capa hacia delante junto con una fina y dispersa proyección nasal, acompañada de un nada espectacular sonido agudo, más parecido a un hipo que a un estornudo.
- ¡Salud!
- Gracias, disculpe, alergias. -endulza el tono. La dulzura del cianuro - Los pacientes de este centro son enfermos. No monstruos de feria.
- Por supuesto, doctor. Pretendo abordar el tema con todo rigor y seriedad. Pensaba enfocarlo exactamente de ese modo, para destruir algunos mitos relacionados con la brujería. Entrevistar a un par de pacientes, y terminar el reportaje con una entrevista con usted donde, en términos médicos y con la misma pasión con la que me ha hablado hace unos instantes, explique desde la perspectiva actual las dolencias que causan estos delirios y su opinión personal sobre el futuro de estos enfermos…
- ¿Un par de pacientes?
- Si, tal vez usted pueda sugerirme los más adecuados. Mijail puede servir, pero por lo que usted me ha dicho parece un caso menos significativo, dado sus delirios pueden apoyarse en los conocimientos que ha adquirido mediante la lectura y el estudio. Corríjame si me equivoco.
- ¿Busca usted la iluminación en la locura, señor Graco? – Volko entrecruza los dedos, extremadamente largos y cubiertos de costras. Lovecraft habría gozado describiendo a este tipo - Creí que esa idea romántica estaba ya superada.
- Creo que a día de hoy los trastornos mentales se han convertido en un fenómeno cotidiano – concedo - pero más allá de los reflejos cómicos de Woody Allen sobre el tema de las neurosis y del tono oscuro de los thrillers de psicópatas considero que la locura es, a día de hoy, más tabú que nunca.
El grillo me observa contrayendo su cabeza tras los pliegues de la papada.
- ¿Y que quiere exactamente? ¿Qué le presente a los casos más interesantes, para que usted los observe, tome notas, les siga el juego como si le importara un comino lo que le dijeran? Señor Graco, los tratamientos que reciben mis pacientes sólo son efectivos cuando se mantienen dentro de la armonía de este centro. Cualquier presencia extraña o novedadosa puede desestabilizar su frágil equilibrio. Cualquier pregunta turbadora puede provocar una reacción adversa en el progreso de su terapia. Además, existen ciertas cláusulas de anonimato, como comprenderá este es un centro privado, serio y exigente.
El tipo está representando un papel. Está claro que no cree ninguna de las mierdas que salen por ese ano facial que llama boca..
- Doctor Volko. Realiza usted, seguro, un extraordinario trabajo con estos pacientes. Está claro que se desvive por ellos más allá del deber. Le ofrezco una posibilidad de compartir su experiencia con el mundo, de obtener cierto reconocimento que sin duda su abnegado talente no busca, pero que se merece. Y poner un rostro humano a estas personas injustamente marginadas por la sociedad.  El doctor se mesa la perilla, balanceándola de un lado de la cara al otro.
- ¿Y cuanto me pagará su revista?
 Ahh… te tengo, sabandija. Nunca dejará de sorprenderme lo sencillo y vulgar que resulta todo, llegados a un punto de simple mercadeo.
- Una cifra redonda. Se lo puedo asegurar.

1 comentario:

Greta Salomé dijo...

Eine Perle! Hace mucho tiempo que no leí mi escritor favorito en lengua castellana!!!