(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

martes, 4 de noviembre de 2008

.9.

Sabía que esta noche no iba a dormir y así es. Lo he intentado todo: primero simplemente me he ido a la cama, he apagado la luz, he buscado una postura cómoda y he cerrado los ojos. No he podido aguantar la presión en los párpados ni cinco segundos. En medio del silencio podía escucharme a mi mismo con demasiada claridad, mis pensamientos, mí respiración, los movimientos de mis piernas, los latidos de mi corazón. Demasiada oscuridad. He encendido la luz y he fumado un cigarrillo, he intentando concentrarme en las espirales que dibuja el humo, pero no he conseguido dejarme llevar ni medio minuto. He apagado el cigarrillo, he escuchado música, he encendido otro cigarrillo, he intentado leer. Todo eso en diez o doce minutos. Entonces me puse a trabajar en mi guión. Escribo un guión de cine desde hace unos meses, sin ninguna intención más que la meramente lúdica, empecé a escribir y las palabras surgieron en forma de guión. Tal vez sea porque el cine siempre me resultó fácil de disfrutar y si es fácil de disfrutar también debería ser fácil de escribir, sencillo, sólo diálogos y escenas, sin descripciones. Entonces comenzaron a surgir las descripciones. Al princpio ni siquiera sabía de que iba la historia, pero al cabo de un tiempo cada vez estaba más claro. Era la historia de una mujer que se enamora de un cubito de hielo.


La mediocridad no es fácil. No se si leí o escuché a alguien decir una vez que es mucho mas terriblemente trágica una mala creación que un drama perfecto. Hay algo trágico en lo mediocre, algo que tal vez sólo puede intuirse.


* * *


EL GUIÓN DE CINE DE ALDO GRACO




Es un mundo deshumanizado, ambientación estilo Metrópolis de Fritz Lang.


La gente camina por la calle como si estuviera desfilando, guardando la distancia, en filas de a tres por cada lado de la acera, grupos compactos. Toos con la misma indumentaria: gabardina y sombrero los hombres, tocado con velo las mujeres, abrigo y falda hasta la rodilla. Entre medias aparece un hombre con la gabardina mal colocada, el sombrero ladeado. Da tumbos como si estuviera borracho. Llega al centro de la escena (por su acera) y se detiene, se afloja el nudo de la corbata, como si no respirara bien, se arrodilla apoyando las manos en el suelo, como si no pudiera respirar. La gente lo ignora, lo esquiva. Comienza a llover, de forma repentina un chaparrón fuerte cae sobre la calle. La gente se detiene un segundo. Algunos se colocan debajo de las cornisas. El resto abren sus paraguas simultáneamente y continuan caminando en formación de testudo.


Se ilumina un cartel de neon parapadeante. El hombre mira hacia el cielo, la lluvia sobre su rostro. Se leventa y entra en el local.


Le recibe un portero negro con gafas de sol. Lleva un traje de terciopelo granate y sombrero con cinta de leopardo ladeado hacia la derecha, con una pluma morada prendida de la cinta. Sonríe al hombre y le pide su abrigo.


El hombre le entrega el abrigo.


LINCOLN: Bienvenido al club de las almas perdidas, señor Percipied.

JACQUES: Hola (entrecortado, peínandose con la mano) Buenas noches.


El hombre baja las escaleras. Las paredes están forradas de terciopelo rojo, como un Saloon del oeste. Las escaleras crujen de forma muy evidente. Cada escalón está a una altura diferente y el hombre está a punto de tropezar en varias ocasiones. Se agarra al pasamanos (que se asemeja a una serpiente y se ondula). Suena desde abajo música, una voz masculina en un fuerte vibrato. Susurros. En las paredes hay también fotografías, retratos sonrientes en blanco y negro de hombres y mujeres bastante atractivos, pero ninguno especialmente hermoso. Un catálogo autografiado de “bellezas raras”. Parecen actores y actrices. Al terminar las escaleras hay una pared y un pasillo que gira a la derecha. Al final hay una puerta negra, y junto a ella una ventanilla. Una mujer de ojos rasgados y pómulos sonrosados y prominentes (no oriental), con el cuello largo decorado con una cinta negra estilo can-can y vestido negro de escote cuadrado sonríe levemente con unos labios tremendamente rojos. Un toque verdoso contrasta con el rojo. Fotografía tipo Wong kar Wei.


CORALINE: Su sombrero señor.

El hombre le entrega su sombrero

CORALINE: La entrada son dos monedas de cobre (sonríe con dulzura)


Abre la puerta.

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