(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

viernes, 14 de noviembre de 2008

.11.

Había una carta que me había llamado especialmente la atención por su inusitado nivel de delirio. El remitente firmaba Burgess y la dirección del remite era un banco. De un parque.

La carta comenzaba de esta forma:


A la atención de (Seudónimo) de la revista (Nombre de la revista).


Señor. Admiro su trabajo y la valentía con la que lo expone, y por eso me arriesgo para acercarle una revelación que puede llevarle más cerca de la verdad. Tenga en consideración el peligro que entraña para mí comunicarme con usted en estos términos, y el que podría suponer para usted seguir el camino que por mediación mía va a abrirse en usted. Atentamente.


Burgess.


P.D.: Le adjunto un dossier que puede usted abrir o quemar, le sugiero lo último. Comprenderá usted que no pueda ser más explícito, pero un hombre de su experiencia entenderá enseguida el motivo de mi extremada cautela.


P.P.D.: Coincido con usted en que las experiencias supersónicas de transcorporeidad podrían ser las verdaderas causas de la suspensión del Concorde.


Junto a la carta, cuatro hojas amarillentas con recortes de prensa, notas y un confuso texto en sánscrito junto a un pasaje del evangelio apócrifo de Santo Tomás y extractos del guión de Lost Highway.


ZANOBRÁ


ESPEJOS DE LA PARANOIA

Esas dos anotaciones en el reverso de la cuarta página eran la única aportación de puño y letra que mi informador dejaba para resolver ese galimatías. No soy perito caligráfico, pero este hombre parecía escribir con los pies. Hay muchos conspiranoicos que emplean una letra falsa, escribiendo con la mano mala, para que no puedan ser asociados a ciertos documentos.

Recuerdo que cuando recibí la carta decidí no abrir el dossier, pero tampoco me atreví a quemarlo (la duda razonable). Al cabo de unos meses lo abrí (no recuerdo por qué, creo que me aburría o que no podía dormir, o las dos cosas) y estuve absorbido durante horas, leí detenidamente los textos (excepto el sánscrito, por supuesto) y luego busqué referencias cruzadas en Internet. No tecleé la palabra zanobrá, pero supuse que espejos y paranoia serían dos títulos de búsqueda lo suficientemente comunes para no llamar demasiado la atención de las agencias gubernamentales (nunca se sabe). No di absolutamente con nada. A la noche siguiente, tras haber buscado más información sobre todo lo que había leído probé con los trucos más viejos. ¿Leer delante del espejo el texto en sánscrito? Efectivamente, algo parecía extraño en los caracteres al invertir la imagen, pero luego me percaté de que vistos del lado correcto también eran extraños: era sánscrito. Decidí olvidarme de la carta y la dejé en mi archivador, sección “L” (locos).

Hasta hoy. Cuando he comenzado a buscar mi nueva historia he recorrido con el dedo el fichero y ha llegado hasta mí un curioso olor. A limón. Provenía del dossier de Burgess. Si era tan simple realmente no era un loco, simplemente me estaban tomando el pelo, o estaba tratando con una persona retardada. Acerqué el mechero a la cuarta hoja y la tinta de limón reveló un nombre


ZEBRA KIDNEY


Así que se trataba con un verdadero tarado. Tinta de limón. O un aficionado a las novelas de Conan Doyle. O una broma. Ningún verdadero seguidor de la teoría de la conspiración escribiría un nombre propio en una carta así con tinta de limón. Algún hijoputa malnacido quería tomarme el pelo.

* * *

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