(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

jueves, 30 de octubre de 2008

.7.


This lovely day... No consigo quitarme a Caterina Valente de la cabeza, aunque no he vuelto a ver a la chica de la playa. He estado trabajando. No querría aburriros hablando de mi trabajo, no es nada importante.

Soy escritor. En realidad no lo soy, o todo el mundo lo es hoy en día así que esa no es una profesión. En realidad soy redactor. Eso sí que es un trabajo. Siendo más específico soy un teórico de la conspiración y de eso va mi trabajo, sobre eso escribo. No es que sea un verdadero teórico de la conspiración, esos están todos locos – creedme, por mi trabajo he conocido a unos cuantos –, sino que dejo volar la cabeza planteando un “¿Y si...?”, trabajo sobre una hipótesis inventada al azar o basada en algún hecho realmente extraño o aparentemente paradójico que haya leído o escuchado y después investigo sobre el tema, desmonto mi propia teoría con hechos y pruebas aparentemente irrefutables y cierro el artículo con un genial giro que vuelve a dejarlo todo abierto y lleno de más interrogantes. A fin de cuentas de eso van las conspiraciones. Puede parecer que mi trabajo, por tanto, es un ejercicio de mera hipocresía literaria, pero a fin de cuentas de eso va ser escritor.

Lo cierto es que hay una base firme y verídica detrás de todo esto, tengo mis principios, si que tengo una idea a cerca de las teorías de la conspiración: las inventan los gobiernos para encubrir las verdaderas conspiraciones y de este modo un periodista o investigador serio jamás se dedicará a indagar en los rumores, a riesgo de que los tachen de locos y de teóricos de la conspiración. Para mi es un medio de vida y una oportunidad de inventarme historias divertidas. No pagan mucho, pero sólo tengo que ir a la oficina dos veces por semana y practico para cuando pueda ser un verdadero escritor o pueda investigar sobre temas serios, a mi no me importa desprestigiarme escribiendo en la revista de mierda – como con buen tino la define mi jefe -, algún día explicaré a mis biógrafos que todo eso sólo eran ejercicios de estilo y que no creo una sola palabra de lo que digo. De eso va ser escritor, a fin de cuentas. Además utilizo un seudónimo, me encantan los seudónimos y creo que el mío tiene fuerza y encierra en si mismo cierta dosis de ironía aun que lamentablemente no puedo deciros cual es porque entonces dejaría de tener sentido, demasiados datos en esas cabecitas locas vuestras. Sabríais demasiado del bueno de Aldo y no se, nunca se sabe. Hay que cubrirse las espaldas.


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