(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

sábado, 25 de octubre de 2008

.6.




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Si os hubiera pasado a vosotros no os habría hecho tanta gracia (permitidme que os presuponga la suficiente dosis de maldad inherente al ser humano como para pensar que os hagan gracia mis trágicas desventuras. Y la desaparición de mi perrito. Cuando al día siguiente llegué a la oficina y comenté mi triste domingo con la secretaria de mi jefe mientras este terminaba de dictar una carta al becario la muy puta se rió, y peor aún, luego fingió sentirse avergonzada.

-Lo siento, Aldo, se que es una cosa terrible perder a una mascota, pero es que eres tan gracioso cuando cuentas esas cosas...

Mascota. Y tú que sabrás, zorra falsa y pestilente. Era más que mi mascota. Si yo fuera Holmes, el sería Watson. Si yo fuera Luke Skywalker el sería R2D2.Odio ir a la oficina pero tengo suerte, solo son dos veces a la semana, la mayor parte de mi trabajo lo hago desde casa. Caterina Valente bopea – me encanta inventar palabras – mientras se acompaña a si misma en la guitarra. Eso si que es una mujer y nunca la he visto en foto, pero mira como charla con la trompeta de Chet. Caterina Valente y Chet Baker recuerdan abril juntos y hay algo hipnótico en esa canción, algo que me pone contento y me hace olvidar a la secretaria soplapollas. Suena como si la estuviera escuchando en una playa californiana en una primavera de los cincuenta, una chica mira las olas de espaldas a mi, su silueta de curvas sinuosas recortada contra el débil Sol de abril, enfundada en un bañador de una pieza azul celeste con estampados de palmeras amarillas, la cabeza tocada con una pamela color arena, el cabello largo y castaño cayéndole sobre los hombros en ondas suaves, brillantes. La piel blanca “no me gusta ponerme morena, por eso sólo tomo el Sol en primavera y otoño”. Una chica interesante.
La secretaria me está mirando raro, tal vez porque estoy tarareando con esa vocecilla aguda y extraña que me sale a veces sin yo poder evitarlo, tal vez porque es bizca. La secretaria. El becario sale del despacho y me sonríe, comenta algo sobre mi último artículo con sonrisa bobalicona, yo escribo para gente así de modo que me agrada saber que conecto con ellos. Le doy la mano – es un apretón pegajoso que me desagradaría si estuviera seguro de que es él quien tiene las palmas sudorosas – y entro en el despacho del jefe. Sillón verde de orejas. Ventana con cortinillas metálicas entreabiertas que dejan entrar la suficiente luz como para ver el polvo flotar. Julian. Frente casi despejada de no ser siete u ochos inevitables cabellos largos peinados hacia la izquierda (a imitación de la cortinilla metálica, aquí también puede entreverse el polvo sobre la piel rugosa y cubierta de pecas).Bolsas grisáceas en los ojos, barbilla redondeada apoyada contra una papada de orangután al borde de la jubilación, chaleco de punto con rombos rojos y vedes, chaqueta marrón con ridículo pañuelo granate asomando de bolsillo. Las manos recogidas en gesto de ruego sobre la barriga bien trabajada con cerveza y guisos, mirada ligeramente borrosa, triste con un brillo febril de auxilio en el fondo. Muy lejos. “Qué tienes para esta semana, Graco” voz cansada, profética “Esta semana voy con retraso, Julian, ha pasado algo terrible” “Qué es esta vez, Aldo” “Pues... algo terrible. Salí pronto el domingo al parque porque tenía que sacar al perrito antes de mi cita...” “¿Una cita de trabajo?” “Algo así, en realidad no, una cita personal. Bueno, estaba en el parque...” “¿en que parque?” “en un parque, no se, salí a pasear sin rumbo y llegué a un parque. No recuerdo muy bien que parque era, un parque cualquiera. En realidad tiene cierta gracia. Ahora que lo cuento parece casi de película muda. Imagínalo en blanco y negro, con un parpadeo brillante y algunas manchas de esas de las películas antiguas, y moviéndose todo un poco más rápido de lo normal...”. Le vuelvo a contar lo que ya te he contado a ti, lo que le conté a él y a ella, y a la secretaria. Cuando termino no parece conmovido. Al menos podría haberle hecho gracia. Cabrón amargado... “Mira, Aldo. Eres nuestro redactor estrella. Pero no olvides que eres el redactor estrella de una revista de mierda, así que en realidad es como si fueras un redactor de mierda. Así que a mi no me vengas con cuentos, olvídate del chucho. Mierda, cualquier otra persona habría vuelto al parque a buscarlo. Cualquier otra persona recordaría en que parque de mierda había perdido al puñetero perro. La historia es tan ridícula, Aldo, que si alguien se enterara perderías la poca credibilidad que (yo no se muy bien por qué) tienes aún para los lectores. No jodas mas con el perro y haz tu trabajo, quiero cinco páginas el jueves.” “Pero no lo entiendes, Julian, mi perrito no es un chucho. Si yo fuera Holmes el sería Watson. Si yo fuera Shaggy el sería Scooby...”Aldo, no me jodas” - El jefe no entiende el juego de referencias o se hace el loco. Grita como un loco. Tal vez esté loco. Mi jefe.

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