(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

sábado, 18 de octubre de 2008

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You don´t know what love is...
Chet canta con voz de terciopelo (es una metáfora muy manida, me pregunto cómo se debe cantar con un pañuelo de terciopelo metido en la garganta. Es bonito, sin embargo, asociar un sonido con una textura) y mientras tarareo una canción que en realidad estoy escuchando por primera vez echo un vistazo a los libros que hay tirados sobre mi cama. Kafka y Orwell comparten lecho.
 En todo momento hay varios cientos de miles de personas con intereses similares o problemas parecidos, la respuesta de uno es la respuesta de ciento al mismo problema. Es posible que de esos cientos o miles haya un porcentaje muy pequeño que sean creativos de publicidad o directores de marketing, y esos son los que te están buscando, quieren contactar contigo, y saben como hacerlo, saben lo que quieres, lo que te interesa, saben lo que buscas. Tenemos a millones de usuarios de Google que cada día acceden a la página web y teclean el nombre de un artista, buscan información sobre una persona o lugar o la respuesta a un problema. Las estadísticas de búsqueda son el documento más fiable del que jamás se ha dispuesto para poder conducir con facilidad el rebaño de borregos mundial y de paso sacarle un jugoso pellizco a nuestros inquietos y buscadores bolsillos. ¿Que es lo que te interesa? Yo puedo vendértelo. Si Kafka y Orwell vivieran en nuestro siglo sus peores pesadillas serían tan reales y sabidas que por las noches dormirían como bebés. Esta sensación de que todo está hecho, todo está pensado, medido, cuantificado, la inquietante certeza de que todo de un modo u otro está colocado ahí a propósito. Nada es nuevo y si algo te sorprende es sólo porque es la primera vez: Habrá más. ¿Cuantas personas han comprado los mismos vaqueros que tú? ¿Cuantas personas han leído los mismos libros? ¿Cuantas personas llevan el mismo calzado, usan el mismo perfume? Son más de lo que crees, piénsalo: si fueran sólo unos pocos ese calzado no se vendería, no sería rentable. Ese libro jamás se publicaría. Y si se publica no te enterarás. Y cuando te enteres ya no quedarán ejemplares y por supuesto no se va a reeditar porque la editorial quebró. Están, claro, los parias al margen del sistema establecido, están quienes confeccionan sus propias ropas –estos me hacen mucha gracia- o las personalizan, las decoran o las rompen aquí y allá, es un grito sordo que quiere decir al mundo “soy diferente”. Cuando esas personas han sido las suficientes han pasado a ser nuevo objetivo comercial.¡Sé diferente! Con tu camiseta blanca te regalamos unos rotuladores para que la decores como tú quieras (la gama de colores es la misma para todos, eso sí). Nosotros mismos te ahorramos el engorroso y no siempre satisfactorio proceso de romper tus vaqueros. Combina diferentes elementos y crea cosas cada vez distintas, y en el fondo nunca dejarán de ser iguales, porque las piezas son limitadas, como en un juego de Lego: las mismas piezas que construyen un robot asesino intergaláctico sirven para construir una casita de playa. Pero no es un robot asesino, ni es una playa: Son piezas de Lego. Son figuras geométricas, no hay piezas curvas o no hay las suficientes, no se pueden doblar sin romperse, de modo que al final acabas haciendo combinaciones de figuras geométricas, el robot es un robot porque tiene piezas móviles y una forma ligeramente antropomórfica y la casita es una casita porque está sobre el suelo o sobre la mesa y está hueca por dentro y sería una caja de no tener tejado de dos aguas. Escalonado, eso sí. Las palabras. ¿Infinitas combinaciones? Existe un número limitado de palabras (por eso el diccionario empieza en la A y termina en la Z). Existe un número limitado, finito y cuantificable de palabras que pueden ser escritas, y tú juegas con esas palabras y creas otras cosas, las mueves aquí y allá, pones una detrás de otra. Hay reglas, si quieres que lo que escribes tenga sentido. Los verbos que tienen que coincidir en número y persona con los sujetos. Por ejemplo, no puedes escriba estos. No tiene sentido escriba estos - el corrector del Word parece pensar lo mismo -, infinitivo y singular son la combinación ganadora a falta de un “que” antes de “escriba” y vaya algo después de “estos”, aunque cambiaría el significado de la frase. “No tiene sentido escribir esto”, eso sí es correcto. De modo que hay unas reglas y una cantidad limitada de palabras, de modo que las combinaciones dejan de ser infinitas, pongamos que eres escritor, te sientas frente a la página en blanco o la pantalla en blanco, miras el teclado. Sabes que ahí está El Largo Adiós. Sabes que ahí está El Sueño Eterno. Sólo hay que desentrañar la combinación y serás Raymond Chandler.
Si te gusta Chandler posiblemente habrás leído a Dashiel Hammet. Soy Aldo Graco.

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