(Del gr. ἀποκατάστασις, restablecimiento). 1. f. Fil. Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida.

viernes, 17 de octubre de 2008

.1.




Conozco a Chet Baker sólo de oídas, como la mayoría de mis contemporáneos (de los que lo conocen). Chet (¿le importará que le llame Chet?) está tocando la trompeta (junto a su quinteto), está tocando (en el Conservatorio Cherubini de Florencia), Chet Barker trompeta y voz, Chautemps con el saxo tenor, Boland al piano, y Haas y Saudrais con el bajo y la batería. Es el 24 de enero de 1956, mi padre aún no ha nacido pero le falta poco, yo no soy ni siquiera una vaga idea, aunque las piezas que habrían de prefigurarme tal como soy ya están barajándose. Chet ha viajado a Europa siguiendo a una chica, Lili, que vuelve a París tras un apasionado romance con el trompetista. Chet viaja con sus muchachos a Europa por una chica y porque la heroína es más barata y fácil de conseguir. En octubre de 1955 el pianista del quinteto, Dick Twardzik, muere en París de una sobredosis y Chet queda bastante tocado. Sin embargo hace unos cuantos amigos en Francia y Holanda y con ellos se marcha a Italia a tocar y a dejar las drogas una temporada. Me pregunto que estaría haciendo mi abuela ese día en concreto, el 24 de enero de 1956, me pregunto que me contestaría si le preguntase “Abuela, ¿que hacías la tarde del 24 de enero de 1956, mientras Chet Baker tocaba la trompeta en Venecia?”. Supongo que en realidad no lo recordará. ¿Que estaba haciendo yo mismo tal día como hoy hace un año? No lo recuerdo.

A veces me pregunto para qué sirve vivir tantos días. No se si leí o escuché en algún sitio que lo bueno sería tener un almanaque que te informara de los días importantes de tu vida, los días en los que realmente iba a suceder algo que recordarías tiempo después, los días que ibas a aprender algo importante, a conocer a alguien, los días que no ibas a olvidar, que marcarían una diferencia para el resto de tu vida. Entonces podrías dedicarte a vivir esos días y pasar el resto de los días durmiendo, o tirado el sofá. Pero el almanaque no existe, y si existe yo no tengo uno. Así que me levanto cada día y espero a que pase algo, y si no pasa nada espero a que pase el día.

Y busco.

Ese debería ser el verdadero objetivo de todos los días: buscar algo, algo que hiciera que ese día contase. Buscar un libro, por ejemplo, que te dijera algo importante. Ver una película que nunca hubieras visto. Ver algo que nunca hubieras visto en una película que si hubieras visto. Encontrar una mancha singular en la acera, o una flor brotando de un ladrillo en un edificio en ruinas. Encontrarte con alguna mirada interesante.

Por supuesto están las otras cosas, las cosas que te hacen recordar un día pero que no son buenas, ni provechosas. Cuando un día es perfectamente normal y apacible es más difícil que lo recuerdes. Cuando un día es malo, cuando están a punto de atropellarte o un yonki trata de darte el palo de camino a casa, cuando pierdes a tu perrito en el parque, esos días los recuerdas. Seguramente no la fecha, pero si te paras a pensar puede que recuerdes que hiciste antes o después de ese suceso aciago. O si llevabas o no bufanda. Aldo Graco te saluda desde noviembre de 2008. ¿Recuerdas que estabas haciendo el 15 de noviembre de 2008 a la 1:44 de la mañana, mientras Aldo Graco escribía?

Con suerte estarías durmiendo, o follando.

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